La decisión de este viernes del Consejo Político de Unión del Pueblo Navarro (UPN) de designar a Cristina Ibarrola como candidata a la Presidencia del Gobierno foral en 2027 ha reabierto las heridas internas en el regionalismo navarro.
La elección, adoptada sin votación directa de la militancia y sin rivales de entidad, supone un revés para el sector encabezado por el alcalde de Tudela, Alejandro Toquero, que finalmente no optó formalmente al cargo, y puede tener consecuencias más allá del pulso orgánico: las expectativas electorales del partido quedan ahora más condicionadas que nunca.
Ibarrola, presidenta de UPN desde la salida de Javier Esparza, será la encargada de intentar recuperar el Gobierno de Navarra en las elecciones forales de mayo de 2027. La decisión no ha estado exenta de polémica.
Hace apenas dos años, la propia Ibarrola aseguró que su prioridad era repetir como candidata a la Alcaldía de Pamplona, tras su abrupta salida del consistorio. El cambio de planes evidencia tanto la necesidad del aparato de cerrar filas como la falta de alternativas de consenso. El Consejo Político, dominado por el núcleo pamplonés, por dirigentes próximos a Esparza y por ediles tan polémicos como el intrigante y camaleónico Miguel Aguirre (alcalde de Fitero), optó por Ibarrola.
Sobre el papel, cualquier afiliado podía presentar candidatura sin necesidad de avales. En la práctica, la ausencia de primarias con voto de la militancia ha sido interpretada por el sector ribero como un blindaje del aparato en torno a Ibarrola.
PULSO DESIGULAR
La derrota interna de Toquero —apodado en ciertos círculos como el ‘Ayuso navarro’ por su estilo bronco— es significativa. Aunque cuenta con un respaldo notable entre cargos municipales de la Ribera y entre sectores ideológicamente más duros del partido, su posición en el Consejo Político era minoritaria.
Consciente de ello, no ha llegado a formalizar una candidatura alternativa que pudiera terminar en un resultado humillante. En términos de tirón electoral, las percepciones dentro del partido son dispares.
Algunos dirigentes consideran que Toquero conecta con un votante descontento y moviliza a un electorado que demanda mensajes más rotundos. Otros, en cambio, creen que su perfil genera rechazo fuera de su feudo tudelano y que podría comprometer cualquier estrategia de crecimiento hacia el centro.
En el caso de Ibarrola, el diagnóstico tampoco es optimista: hereda parte del equipo y del planteamiento estratégico de Esparza —candidato en las tres últimas citas forales— y no se le presume una capacidad expansiva que altere la tendencia descendente del partido en los últimos años.
CONTEXTO
El contexto tampoco favorece al alcalde de Tudela, que ha coleccionado tal cantidad de enemigos en política que se han establecido conexiones entre compañeros suyos partidarios de Ibarrola y adversarios.
La Oficina Anticorrupción investiga actuaciones del Ayuntamiento relacionadas con ayudas al CD Tudelano y con contratos presuntamente fraccionados. Aunque Toquero ha defendido la legalidad de su gestión, el hecho de que estas indagaciones coincidan con el pulso interno ha debilitado su margen de maniobra. Desde la oposición municipal, la coalición Contigo Tudela sostiene que el reciente anuncio del alcalde de endurecer la vigilancia sobre los empadronamientos responde a una estrategia de distracción.
A su juicio, se trataría de una cortina de humo para evitar que el foco político y mediático se sitúe tanto en las investigaciones como en su derrota dentro del partido. El señalamiento no es menor: introduce en el debate la idea de que la agenda municipal podría estar condicionada por la pugna orgánica.
El enfrentamiento entre el bloque de Ibarrola y el de Toquero no es nuevo. En el congreso de 2024 ambos sectores escenificaron un choque abierto que terminó en un acuerdo de reparto de poder: Ibarrola asumía la presidencia y Toquero obtenía la vicepresidencia, además de situar a varios afines en la ejecutiva.

La tregua, sin embargo, ha resultado efímera. La designación de la candidata sin consulta directa a la militancia ha reactivado las críticas sobre el déficit de democracia interna en UPN. Para los partidarios del alcalde de Tudela, el procedimiento confirma que las decisiones estratégicas se toman en un círculo reducido, con escasa permeabilidad hacia las bases.
Para el aparato, en cambio, la prioridad era evitar un proceso largo y divisivo que proyectara una imagen de fractura permanente. El riesgo es evidente: un partido dividido tiene más difícil presentar una alternativa sólida frente al actual bloque de gobierno en Navarra.
Si el sector de Toquero se siente marginado, la movilización de su entorno podría resentirse. Y si el liderazgo de Ibarrola no logra ilusionar a nuevos votantes, UPN podría quedar atrapado en una base electoral menguante.
¿PP A LA VISTA?
En paralelo, sobrevuelan especulaciones sobre la relación futura con el Partido Popular. Toquero ha negado que pretenda acercarse al PP o promover alianzas orgánicas. Sin embargo, en ámbitos políticos se apunta a que si decide encabezar a los ‘populares’ en 2027 UPN podría caer a su peor resultado histórico. Por ahora, el control del aparato lo mantiene Ibarrola, mientras que el equipo de Toquero aspira a conseguir algunos de los principales puestos de la lista autonómica.
El entorno de Ibarrola, además, trabaja con la hipótesis de que Javier Esparza pueda encabezar la lista al Congreso en las próximas generales, reforzando así la continuidad de un mismo eje dirigente. La incógnita es si esta cohesión desde arriba será suficiente para recomponer la unidad real del partido.
La derrota interna del alcalde de Tudela no implica su desaparición política. Mantiene la alcaldía, conserva apoyos en la Ribera y sigue siendo una referencia para un sector ideológico muy ligado a la derecha más vehemente.
Pero el mensaje que emana del Consejo Político es claro: la dirección no está dispuesta a compartir el timón. De aquí a 2027 quedan todavía movimientos por producirse. Sin embargo, el episodio deja una conclusión provisional: la pugna interna ha consumido energías y ha proyectado dudas sobre el liderazgo.
Si UPN no logra cerrar la brecha entre Pamplona y la Ribera, entre aparato y bases, la designación de Ibarrola podría convertirse no en el inicio de una remontada, sino en la constatación de un techo electoral difícil de romper.
