Así te puede salvar el sexo del estrés

Ya sabemos que el sexo, en general, es bueno para nuestra salud. En estos tiempos que corren, una de las cosas más importantes que debemos conservar es la mental, pues el confinamiento y los períodos de cuarentena nos pueden llegar a desequilibrar. ¿Sabías que mantener relaciones sexuales nos puede ayudar a combatir con los síntomas del estrés y la ansiedad?

Entre otras cosas, la actividad sexual está calificada como física. El deporte genera endorfinas, hormonas que nos hacen sentirnos bien. Además, el placer asociado al sexo también contribuye a que estemos mucho más relajados cuando lo practicamos. Por eso, no es de extrañar que todo sea un cóctel que consigue mejorar el ánimo y la autoestima.

Si estás pasando por un mal momento o estás demasiado agobiado, descubre cómo el sexo te puede salvar del estrés.

El sexo aumenta la autoestima

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Cuando practicamos sexo, conseguimos reducir los niveles de cortisol que existen en nuestro cuerpo. Esta es la hormona que se segrega cuando estamos pasando por períodos de estrés o sentimos demasiada presión. Por eso, nos puede ayudar a relajarnos. Pero no solo eso.

Además, cuando mantenemos relaciones sexuales, nuestra autoestima termina mejorando. La razón es lógica y seguro que la adivinamos si pensamos en ello. Al estar en la cama con otra persona nos sentiremos deseados, queridos y respetados. Todo esto se unirá para que, en definitiva, nos sintamos mejor.

Si todo esto confluye para que nos sintamos bien, se traducirá en que nuestro comportamiento también cambiará con respecto a los demás. Cuando estamos a gusto, tranquilos y en paz con nosotros mismos, también seremos mucho más amables y receptivos con quienes nos rodean.

Así actúa el sexo contra el estrés

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El estrés es una sensación desagradable y difícil de explicar. Cuando estamos agobiados, conseguiremos mejorar ese sentimiento si mantenemos sexo. Y es que la actividad sexual es capaz de aliviar todo lo relacionado con el estrés de diversas formas. Por ejemplo, una de ellas es que cuando abrazamos a nuestra pareja, nos sentimos en paz y tranquilos. Es por eso que dormir al lado de nuestra pareja también consigue reducir el estrés.

Además, determinadas actitudes que hacemos en el dormitorio pueden contribuir a reducir la ansiedad. Cuando abrazamos, tocamos y besamos a la otra persona, nos sentimos bien con nosotros mismos y con él o ella. Mientras se da el encuentro sexual, liberamos un compuesto químico en nuestro cerebro que acelera el centro del placer y la recompensa.

El sexo también puede influir en una mejora de la felicidad. Buscar esa sensación de alivio y paz hará que nos dejemos de sentir estresados, agobiados o ansiosos. El cariño nos puede aportar muchas alegrías y, cuando logramos tocar la ansiada felicidad, conseguiremos olvidarnos de todo lo demás. Durante el orgasmo, por ejemplo, nuestra mente se queda en blanco. Es decir, durante unos segundos, todos nuestros problemas desaparecen.

Las relaciones influyen en nuestro estado de ánimo

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Cuando tenemos sexo, se liberan algunas hormonas que se encuentran directamente relacionadas con la positividad. Eso consigue influir en nuestro estado de ánimo de forma inmediata. Algunas de ellas puedes ser DHEA, así como diversos neurotransmisores que conocemos de forma científica como serotonina y endorfinas.

Estas hormonas potencian la sensación de bienestar y nos ayudan y empujan a estar mucho más activos y animados. También contribuyen a mejorar algunos de los síntomas relacionados con la depresión o la ansiedad. Es decir, también del estrés.

Algunos especialistas no dudan en recomendar el sexo a sus pacientes cuando estos se presentan en consulta con ciertos problemas derivados de la ansiedad. De hecho, aseguran que, para obtener mejores resultados, deben practicarlo a primera hora de la mañana. Diversos estudios han demostrado que si practicamos sexo a primera hora del día conseguiremos tener una actitud más optimista, seremos más productivos y también obtendremos un mayor rendimiento hasta que llegue la noche.

Mantener relaciones nos ayuda a descansar

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Además de todos los beneficios que tiene el sexo mientras lo practicamos, a ellos hay que añadirles también los que aparecen cuando terminamos. Después de disfrutar de un orgasmo, liberamos otro tipo de hormona, la prolactina. Esta es la responsable directa de la relajación y la aparición del sueño.

Por esta razón, cuando terminamos de mantener una relación sexual, nos solemos quedar dormidos de forma mucho más rápida que cuando no lo hacemos. De hecho, en el caso de los hombres, esto se acelera mucho más. Está relacionado con el período refractario.

Al descansar mejor y dormir bien, también nos sentiremos mucho más descansados. Al no estar tensos ni pensar de forma continua en los problemas del día a día, conseguiremos irnos deshaciendo poco a poco del estrés. Cuanto más sexo practiquemos, mayor será la probabilidad de encontrar una relajación mucho más estable.

El sexo, catalogado como ejercicio físico

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A todo lo anterior, debemos sumarle un aspecto importante que debemos tener en cuenta con respecto al sexo. Aunque no lo podemos comparar con otros deportes, como el fútbol o la natación, lo cierto es que sí está considerado como ejercicio físico. En ciertos encuentros sexuales, como los que se producen en escenarios menos tradicionales, como la ducha, podemos llegar a quemar hasta 500 calorías.

De media, podemos llegar a quemar unas 5 calorías por minuto. Además, para que el encuentro sexual se lleve a cabo, usamos distintos músculos de nuestro cuerpo. También se acelera el ritmo cardíaco, lo que hace que estemos mucho más saludables a largo plazo. Todo ello también consigue reducir el estrés gracias a los químicos que se liberan en nuestro organismo relacionados con el bienestar y el placer.

Si practicar cualquier tipo de deporte o ejercicio consigue mantener a raya los niveles de estés, podemos introducir y catalogar el sexo como uno de ellos. Las hormonas segregadas durante el ejercicio y durante las relaciones sexuales contribuirán a que, entre otras cosas, nos desprendamos de las preocupaciones rutinarias, mejoremos nuestra autoestima y seamos capaces de gestionar nuestras emociones de forma mucho más estable. Es decir, mantener relaciones no solo tiene incontables beneficios a nivel físico, sino también psicológico.