Arrimadas

Parece que la decisión de dar un giro de 180 grados a la línea ideológica del partido ha sido bien acogida por los potenciales votantes de Inés Arrimadas. Ciudadanos muestra en los sondeos síntomas de mejora electoral después de que el partido haya levantado las líneas rojas que le impedían llegar a un acuerdo con el PSOE. Sin embargo, la decisión de Arrimadas ha tenido un precio: el odio y las críticas de la derecha, que se ha visto apuntalada en la oposición después de que Arrimadas haya dado luz verde a pactar unos Presupuestos Generales del Estado que alarguen la estancia del presidente del Gobierno en el palacio de La Moncloa al menos por cuatro años.

“Ciudadanos, como Sánchez, ya no tiene líneas rojas. Ahora hasta les parece bien que se reúna la Mesa extra parlamentaria q suplanta la soberanía nacional. “ Es un acuerdo de gobierno y los acuerdos deben cumplirse”, dicen los de Arrimadas”, ha comentado la expresidenta de UPyD Rosa Díez. Y al igual que ella, en el Partido Popular y, cómo no, en Vox, ven el giro de Arrimadas como una traición, pues se presta a decisiones como la de mantener al vicepresidente del Gobierno y líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, en el poder. 

Sin embargo, el giro de Arrimadas no ha sido tan radical como quieren pintar desde la derecha. Algunos dentro del PP y de Vox ya daban por hecho que Ciudadanos había dado el salto de pertenecer de forma inequívoca al bloque parlamentario que lidera Pablo Casado para convertirse en un aliado sin fisuras de Sánchez. De hecho, engordaron la idea de que Ignacio Aguado, vicepresidente de la Comunidad de Madrid, estaría dispuesto a apoyar una moción de censura contra su propio Gobierno autonómico, liderado por la popular Isabel Díaz Ayuso. Pero lejos de la realidad, desde Ciudadanos insisten en que su giro es volver al centro y convertirse en uan formación “útil para los españoles”.

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El primer paso de Arrimadas fue acercarse a Sánchez permitiéndole en mayo prorrogar el estado de alarma. En ese momento, estableció las bases de las futuras negociaciones imponiendo una sola obligación: una reunión cada poco tiempo con el presidente a cambio de su sí a la prórroga. Una vez conseguido, saltamos al siguiente escenario. Ahora los presupuestos son la prioridad de Sánchez, ya que sin ellos el presidente del Gobierno se vería obligado a convocar elecciones anticipadas. El líder del PSOE prefiere pactar con Ciudadanos y buscar un consenso entre las medidas de Unidas Podemos y las de Arrimadas antes que llegar a un trato con los independentistas. Pero, por el momento, los nacionalistas catalanes tienen más fuerza en el Congreso.

ROMPER CON ERC

Ciudadanos ha levantado el veto a Pedro Sánchez, pero sigue teniendo una línea roja que se niega a cruzar. Es cierto que Arrimadas se ha prestado a apoyar unos presupuestos que apuntalen a Sánchez en el poder e incluso llegar a un puto en común con Unidas Podemos, pero con el objetivo colateral de apartar a los independentistas de la toma de decisiones.

Ciudadanos nació como un partido que pretendía plantarse frente al independentismo, una alternativa que buscaba decir que Cataluña no era solo nacionalista. Y ahora Arrimadas parece seguir reforzando con esa línea de “identidad”.

ERC ya ha avisado al Gobierno de que no pactará con ellos si Ciudadanos está en el trato. La coalición depende de los independentistas republicanos, de hecho, tienen tres diputados más que Ciudadanos en el Congreso, algo que les convierte en una fuerza más relevante a la hora de tomar decisiones que requieran un amplio consenso parlamentario. Sin embargo, ahora Sánchez se ve obligado a elegir.

El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, además, se guarda un as en la manda, que es que su sí a Sánchez (siempre porque se haya llegado a un acuerdo) podría remolcar, en función de si toca temas relacionados con la independencia o con los políticos presos, a otras formaciones independentistas que también tienen representación en el Congreso, como Junts per Catalunya o la CUP.

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