Sánchez
Albert Rivera y Pedro Sánchez. Foto: Europapress.

El Partido Socialista ha renunciado a negociar un Gobierno de coalición con Unidas Podemos. Las tensiones entre los dirigentes de ambos partidos, las filtraciones a la prensa y las exigencias de Pablo Iglesias han alejado a los socialistas de su socio preferente y les han empujado a seducir a las derechas. El PSOE buscará la abstención de Ciudadanos en la segunda investidura a pesar de que los de Albert Rivera se reafirman en su cordón sanitario a Pedro Sánchez.

Los socialistas no quieren volver a poner sobre la mesa ni ministerios ni vicepresidencias. Las negociaciones entre Unidas Podemos y el PSOE están completamente rotas. Pero a pesar de lo que dicen algunos medios, los de Sánchez quiere evitar unas nuevas elecciones, según cuentan a MONCLOA.COM fuentes cercanas al partido. Los cantos de sirena del CIS de José Félix Tezanos ya no son suficientes para seducir al presidente del Gobierno en funciones y convencerle de presentarse a unos nuevos comicios, según destacan.

Fuentes cercanas a Ferraz confirman que lo que antes era una posibilidad que motivaba al presidente del Gobierno, ahora ha cambiado. Pedro Sánchez estaba abierto a celebrar nuevas elecciones antes de iniciar las negociaciones con Pablo Iglesias. Pero tras el resultado de la investidura, la intención de los socialistas es trabajar para lograr que Sánchez renueve su cargo en septiembre. Pero esta vez, buscará apoyo en las derechas. Concretamente, el de Albert Rivera.

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Pero Rivera, pese a las tensiones internas, a que su partido se está desgajando y a que incluso la prensa internacional le invita a abandonar su cordón sanitario, no quiere apoyar a Sánchez. Muchos miembros importantes de la formación naranja han abandonado el partido por su falta de flexibilidad. Ese viraje a la derecha que tiene como pretensión ocupar el espacio que dominaba el PP le puede salir caro a Rivera.

Sin embargo, el PSOE quiere aumentar la apuesta. Quiere acordar un programa que invite a los de Ciudadanos a abstenerse de su investidura. Y sobretodo, quiere plantear un nuevo escenario político en el que no tendrían cabida ni los independentistas catalanes, ni los nacionalistas vascos ni los de Unidas Podemos. Una de las exigencias de la derecha que Sánchez estaría dispuesto a satisfacer siempre que se abstengan los diputados suficientes para renovarle como presidente del Gobierno.

Otras fuentes aseguran que el PSOE busca llegar a acuerdos puntuales con colectivos sociales relevantes para presentar un programa que Podemos no pueda rechazar. Sin embargo, la idea de explorar nuevas vías, pasa por la calle Alcalá, según la última información. Si Rivera cede a las presiones, podría taponar la fuga de numerosas personalidades más moderadas y contentar a parte de su electorado. Y si Sánchez renuncia al apoyo de los independentistas, podría lograr una investidura que daría paso a una legislatura bronca y complicada.

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El único escollo para el PSOE se presentaría poco después de la investidura. Sánchez necesitaría el apoyo, o bien de los de Rivera, o bien de Unidas Podemos y ERC para aprobar los Presupuestos Generales del Estado. Un elemento que pone en guardia a los socialistas, puesto que fue este el motivo que abocó al presidente a convocar elecciones. Por tanto, la solución pasaría por no solo negociar con Ciudadanos una investidura puntual, sino un acuerdo programático que diera continuidad a Sánchez en la Moncloa y que marginara a Unidas Podemos y a los nacionalistas, una de las pretensiones de Rivera. Algo que el PSOE explorará a lo largo del mes de agosto.

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