El exministro de Fomento y eurodiputado del PSOE en esta legislatura, José Blanco.

El exministro socialista José Blanco dio ayer por finalizada su carrera política de la peor manera posible: obligado por Pedro Sánchez a dar el paso cuando aún se veía capaz de defender los intereses españoles y gallegos una legislatura más en el Parlamento Europeo, el sitio al que llegó en 2014 y donde quería pasar otros cinco años para en 2024, entonces sí, cerrar el capítulo de la política en su vida.

Blanco concluye su larga trayectoria de servicio público con sabor agridulce porque, en el fondo, no creía que uno de sus discípulos más aventajados le iba a sacar de la política con cajas destempladas. Una legislatura más en Estrasburgo le hubiera permitido, por ejemplo, tener acceso a una pensión vitalicia de la institución europea.

El que fuera secretario de Organización del PSOE con José Luis Rodríguez Zapatero y luego ministro de Fomento deberá encontrar ahora una salida laboral fuera de la política, justo cuando acaba de cumplir 57 años de edad. Y lo que es peor, rumiando las causas que han llevado a Sánchez para sacarle de la lista del PSOE a pesar de que ha sido un fiel escudero del presidente del Gobierno desde que éste llegó a La Moncloa.

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Lo más sorprendente es que Blanco fue la primera persona del PSOE que creyó en Sánchez. Fue a comienzos de siglo tras la llegada de Zapatero a Ferraz tras el famoso congreso federal del año 2000 en el que los compromisarios prefirieron al joven ‘outsider’ de León antes que al candidato del aparato, José Bono.

Pedro Sánchez empezó a colaborar con la nueva dirección del PSOE en temas económicos de la mano de Blanco, junto a otros jóvenes como Antonio Hernando u Óscar López. Luego, le enviaron a la dirección socialista del Ayuntamiento de Madrid, donde fue acogido con los brazos abiertos por Antonio Miguel Carmona -al que ha premiado ahora con un puesto de senador- y amadrinado por Trinidad Jiménez. Le llamaban ‘Pedro el liberal’ por sus postulados económicos, por aquel entonces más cercanos al PP que a su propia casa política.

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Pedro Sánchez en una comparecencia en Ferraz. Foto: Flickr PSOE

Pero si Sánchez le debe más de un favor a Blanco es por lo que hizo este último en 2014 cuando ganó las primarias socialistas a Eduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias. El exministro fue el primero en promocionarle dentro del aparato tras la dimisión de Alfredo Pérez Rubalcaba y al ver que Susana Díaz no se animaba a dar el salto a la política nacional -sólo llevaba un año al frente de la Junta de Andalucía-.

Sánchez fue el ‘plan B’ de los poderes fácticos del PSOE tras el ‘no’ de Díaz y ello fue posible gracias al empeño de Blanco, quien no paró de destacar entre los dirigentes socialistas las cualidades y el potencial político que tenía su antaño pupilo. En aquel verano de 2014, el exministro ya había puesto rumbo a Estrasburgo al lograr el acta de eurodiputado gracias a que Rubalcaba le puso en uno de los primeros puestos de la lista del PSOE por los servicios prestados al partido. Una fotografía bien distinta a la de ahora.

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En Estrasburgo se sumergió de lleno en su labor como miembro de la Comisión de Industria y, sobre todo, en la defensa de las energías renovables. Y en esto que llegó el traumático proceso de primarias socialistas de 2017. En esa ocasión, Blanco se decantó por Díaz como la gran mayoría de dirigentes del PSOE. Sin embargo, tras la victoria de Sánchez fue de los primeros que rindió pleitesía al nuevo líder, pero era demasiado tarde: su discípulo no le perdonó que tomase partido por la presidenta andaluza y ya se sabe que la venganza es un plato que se sirve frío.

Blanco se despidió ayer públicamente, tras su salida de la lista europea, sin mencionar a Sánchez: “Finaliza una etapa de mi vida y comienza otra. Echo la vista atrás y sólo siento gratitud, hacia los ciudadanos que me han apoyado durante tanto tiempo y hacia el PSOE y sus militantes. Infinita y eterna gratitud”.  

 

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