El excomisario José Manuel Villarejo empezó un libro sobre los atentados yihadistas de marzo de 2004, al que le puso el nombre de ’11-M desde dentro’. Al menos, redactó un índice con siete partes y un epílogo. En él hay alusiones a la eventual autoría intelectual de Francia y Marruecos, y se menciona un apoyo “puntual” de ETA en los preparativos mediante “asesores externos” que los engloba con “espías de Irak e Irán”, según el documento al que ha tenido acceso MONCLOA.COM en exclusiva.

La “escaleta” del libro, en palabras del policía hoy en prisión, se elaboró a principios de 2006. Puso la fecha del 28 de enero de ese año, por lo que aún no habían pasado dos años del peor atentado terrorista en la historia de Europa. En ese momento, el juez de la Audiencia Nacional Juan del Olmo seguía con la instrucción del caso ya que la investigación terminó en abril de 2006.  

De la lectura del índice, da la impresión que Villarejo quiso plasmar en varias páginas un resumen de lo que él había vivido en aquel marzo de 2004 y en los meses posteriores, con el fin de que no se le olvidara ya que varios enunciados tienen un desarrollo más amplio. También parece que la redacción fue apresurada ya que contiene errores caligráficos de bulto -llama ‘Descayar’ al por entonces director del CNI, Jorge Dezcallar-. He aquí el desarrollo del índice de ’11M desde dentro’, tal y como lo plasmó Villarejo:

2LOS PREPARATIVOS

Segundo capítulo del libro.

El primer punto de esta parte alude directamente a que los atentados fueron un “proyecto de inteligencia”, que conllevó un “control” de los medios que Villarejo no especifica. La alusión al “auto-avituallamiento” puede estar vinculada con la información facilitada ayer por El Español tras tener acceso al escrito sobre el 11-M que el excomisario entregó esta semana al juez Manuel García Castellón.

Según esa versión del policía hoy en prisión, la operación de compra de 200 kilos de explosivos por parte de Jamal Ahmidan, alias El Chino, el 29 de febrero de 2004, era en realidad una “entrega controlada” por la Guardia Civil, que “con el fin de colocar un dispositivo de seguimiento” integró entre la dinamita “algún material explosivo existente en los depósitos de armas” del instituto armado.

El objetivo era crear un intento de atentado ficticio, una compra controlada de dinamita que serviría para detener a los presuntos terroristas en posesión de la munición y acreditar así su intención de atentar en suelo español de forma inminente. Pero, según Villarejo, algo salió mal.

En el proyecto de libro, el agente encubierto habla de “pistas cruzadas” y de una “transmutación milagrosa” de los yihadistas, que pasaron de ser “mediocres chorizos” a convertirse en “terroristas fanáticos”.

Además, Villarejo anotó que hubo en los preparativos de los atentados un “apoyo puntual” de asesores “externos”, entre los que cita a miembros de ETA y a espías “de IRAN-IRAK” sin precisar más datos.