viernes, 24 septiembre 2021 11:06

Escolta ‘deluxe’: Malestar entre los agentes que vigilan el chalet de Iglesias y Montero

  • Tal y como ha podido saber MONCLOA.COM, se respira un ambiente de hartazgo entre los agentes destinados en el chalet.
  • Los GRS, especializados en disolver protestas violentas, protegen la casa de Iglesias y Montero.
  • Hay cerca de 50 agentes destinados en el chalet del municipio de la sierra madrileña.
  • Hartos. Así están algunos de los agentes que han sido destinados por Interior para vigilar el chalet del vicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias y de la ministra de Igualdad, Irene Montero. Tal y como ha podido saber MONCLOA.COM, entre los más de treinta policías que tienen como cometido proteger el polémico chalet del líder de Unidas Podemos se respira un ambiente de indignación. No se trata de policías recién salidos de la academia, sino que incluso hay una unidad de élite, los GRS, que están apostados en la puerta del chalet día y noche para evitar que el «jarabe democrático» cruce las puertas de la casa de los miembros del Gobierno.

    Los Grupos de Reserva y Seguridad se han visto obligados a acudir al chalet de la sierra madrileña para proteger de los escraches al vicepresidente y a la ministra. Y junto a ellos, hay una veintena de agentes de la Guardia Civil con el mismo cometido que incluso han tenido que cortar la calle para garantizar la seguridad de la vivienda. Sin embargo, el entrenamiento de todos estos agentes no está concebido exclusivamente, precisamente, para proteger a un cargo político que ya habló bien de los escraches, considerándolos como «jarabe democrático». Todo esto hace que haya malestar en la Guardia Civil y entre los agentes destinados en Galapagar, tal y como ha podido comprobar este medio.

    Los GRS, el grupo de élite que protege directamente la casa de Iglesias y a Montero, son guardias civiles encargados del orden público en las grandes concentraciones de personas, es decir, manifestaciones o protestas con gran afluencia de personas. Pero también se destinan para proteger a «altas personalidades», razón a la que se ha aferrado el Gobierno para justificar el hecho de que acaben en la puerta del chalet de Galapagar. Por lo que ya han dado un salto importante a nivel de protección.

    Sin embargo, el elevado despliegue sobre el municipio de la sierra madrileña y el tener que tratar constantemente con vecinos que quieren protestar frente a la casa de Iglesias ha desgastado a estos agentes, entre los que se respira un ambiente de hartazgo. Banderas de España por doquier, cánticos, altavoces con el himno nacional o caceroladas es lo que tienen que intentar aguantar. Son actos legales, pero como ponen en riesgo la integridad de la casa, los GRS, no olvidemos, una unidad de élite, tienen que sugerir constantemente a los vecinos que acuden con un cucharón que se vuelvan a su casa.

    Ya la garita queda lejos del despliegue que hay frente a la casa de Iglesias y Montero. Los mismos que animaban a realizar «actos democráticos» a los suyos contra los políticos en sus casas ahora se escudan tras la policía para evitar que se lo hagan a ellos. Y esto también ha cansado a algunos vecinos de Galapagar, que han visto como su tranquilo municipio se ha convertido en un búnker en el que se protegen los líderes de la formación morada.

    Las fotos que se han filtrado sobre el despliegue policial de Galapagar no dejan indiferente. Según pudo saber MONCLOA.COM, las quejas de Iglesias han llevado al Gobierno a considerar que efectivamente había que reforzar la presencia policial en el chalet del vicepresidente segundo del Gobierno y de la ministra. Y así se hizo. No solo con decenas de agentes, sino con una unidad de élite especializada en disolver protestas violentas. Todo un logro que lleva a Iglesias y a Montero a protegerse tras alrededor de 50 policías.

    Aún así, hay quien todavía se cuela y pone con todo lujo de detalles en un altavoz canciones nacionales que buscan provocar al líder de Unidas Podemos, uno de los que más pasiones y odios levanta en España.