viernes, 14 mayo 2021 04:20

La historia del primer acto sexual según la ciencia

¿Alguna vez te has preguntado de dónde viene el primer acto sexual de la Historia? Parece que, en este tema, encontramos el origen en Escocia. A pesar de que el nacimiento del whisky puede ser confuso, no parece que lo sea el del sexo tal y como lo conocemos hoy en día. En sus orígenes, el coito se entendía como una forma de reproducción sexual, pero el primero sucedió hace millones de años.

Hace 385 millones de años, dos criaturas que vivían en los lagos de lo que hoy conocemos como Escocia, practicaron esta forma de reproducción por primera vez en la historia del planeta. Ambos, parece que decidieron que la mejor forma de procrear era a través del coito. Y, desde entonces, aunque con variaciones, es lo que hemos ido recreando generación tras generación y en gran cantidad de especies.

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Los primeros en practicar el acto sexual

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Las criaturas del lago escocés a las que nos referimos era unos antiguos peces blindados que se conocen como placodermos. Estos parece que fueron los primeros que se animaron a practicar el acto sexual según nos dice la ciencia. De hecho, se les denomina como los inventores de la cópula, así como de la fertilización interna. Con su decisión, marcaron para siempre la forma de procrear.

Tanto es así que, lejos de quedarse en un acto aislado, muchos otros seres, incluidos los humanos, siguen reproduciéndose de la misma forma. Los descubridores de este hecho histórico fueron un grupo de paleontólogos de la Universidad Flinders en Adelaida, ubicada en Australia.

Después de realizar un estudio exhaustivo, confirmaron que los machos del Microbrachius Dicki, el tipo de placodermos a los que nos referimos, desarrollaron unas extremidades genitales óseas que tenían forma de “L” y se llamaban “claspers”. Cuando hablamos de este especie, lo hacemos de los vertebrados con mandíbula más primitivos y antiguos que podemos considerar como ancestros de los humanos.

Así procreaban los placodermos

placodermos

Mientras que los machos desarrollaron dicha estructura ósea en su área genital, las hembras también desarrollaron unos pequeños huesos pareados con el objetivo de bloquear el órgano masculino cuando llegaba el momento del apareamiento. Estos Microbrachius medían alrededor de unos 8 centímetros de longitud y vivían en algunos lagos antiguos de Escocia.

También se podían encontrar en algunas otras partes, como en Estonia o en China. Según descubrieron los paleontólogos encargados del estudio, las habilidades sexuales de estos curiosos y antiguos peces pudieron ser confirmadas cuando encontraron un hueso fósil en el interior de las colecciones de la Universidad Tecnológica de Tallinn, en Estonia.

Este fósil se trata del órgano sexual más primitivo que conocemos de los vertebrados hoy en día. Su hallazgo podría demostrar que el primer uso del acto sexual como fertilización interna y cópula, es decir, estrategia reproductiva, se dio en estos pequeños animales.

Microbrachius, inventores del acto sexual

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Los Microbrachius se llaman así porque su nombre significa “pequeños brazos”. Sin embargo, muchos han sido los científicos que, durante siglos, se han visto desconcertados sobre el motivo por el que estos pequeños seres tenían esos brazos en forma de huesos pareados.

Gracias a los estudios recientes sobre el tema, la ciencia ha podido descubrir que el motivo por el que se encontraban en el cuerpo de las criaturas estos brazos no era más que el apareamiento. A través de ellos, se realizó el primer acto sexual de la historia, cambiando para siempre el destino de millones de especies hasta llegar a todo lo que conocemos hoy en día.

Estos pequeños huesos se usaban para que el macho pudiera posicionar su “clasper” en el área genital de la hembra, tal y como afirma John Long, uno de los profesores de Flinders encargados de la exhaustiva investigación.

Un descubrimiento que lo ha cambiado todo

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En el pasado, los científicos pensaban que la reproducción evolucionó una vez que las criaturas comenzaron a salir fuera del agua. Además, también creían que había sucedido mucho más tarde. Sin embargo, a raíz de este descubrimiento, se ha tenido que cambiar todo el pensamiento que se tenía con respecto al tema.

La investigación, centrada en la aparición del primer acto sexual, coloca el origen de la cópula mucho más atrás en la escala evolutiva. De hecho, se sitúa en el más básico de todos los animales vertebrados que, en ese momento, contaban con mandíbulas.

Gracias a esto, se ha podido descubrir algo que lo ha cambiado todo. En este momento, es en estos peces donde se sitúa la aparición del primer acto sexual tal y como lo conocemos hoy en día. Sin embargo, en un mundo cada vez más avanzado, puede que, más adelante, sigamos descubriendo nuevas pistas, hallazgos y pruebas que vuelvan a cambiar el transcurso de la historia.

El acto sexual se hacía de lado

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A pesar de que es uno de los hallazgos más extraños de la investigación, también se descubrió la forma en la que se realizaba este primer acto sexual, un dato de lo más interesante. Es muy probable que los peces de los que hablamos copularan de lado, gracias a la sujeción de sus brazos huesudos, que también estaban articulados.

Debido a ello, los machos podían maniobrar con sus órganos genitales en la posición correcta, lo que facilitaba el apareamiento. Una de las formas más extendidas de hacerlo era con los brazos entrelazados. De hecho, según la explicación de los científicos encargados de la investigación, mientras practicaban el acto sexual, los peces parecía que estaban bailando y no apareándose.

El descubrimiento que se ha conseguido ha podido confirmar el origen de la historia evolutiva, en la que los machos y las hembras ya presentaban diferencias claras en su apariencia a nivel físico. De hecho, antes de la evolución, los esqueletos de los vertebrados con mandíbula eran incapaces de distinguirse por machos o hembras, ya que ambos géneros contaban con las mismas estructuras en sus cuerpos. A raíz de entonces, y gracias a los Microbrachius, el curso de la historia dio un vuelvo que permitió llegar a donde estamos.