viernes, 14 mayo 2021 06:56

Más de 45.000 cirugías traumatológicas programadas se suspendieron por la COVID-19

El sector de Traumatología de la Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria (Fenin) ha estimado que en el año 2020 se dejaron de practicar más de 45.000 cirugías traumatológicas programadas: alrededor de 35.000 cirugías corresponden a cadera y rodilla, 5.500 a cirugías protésicas de hombro y en torno a 5.000 se refieren a intervenciones de columna.

Para amortiguar el impacto sanitario y económico motivado por la cancelación de estas intervenciones, el Sector de Traumatología de la Federación considera “fundamental” que “se normalice la actividad quirúrgica no urgente y que se reprogramen aquellas cirugías que se han visto afectadas a causa de la pandemia”.

Para ello, proponen la puesta en marcha de un plan específico de recuperación de listas de espera, así como la dotación a los hospitales de los recursos y mecanismos necesarios para poner fin a esta situación, de modo que las listas de espera no continúen aumentando.

“Si bien este tipo de intervenciones quirúrgicas no son urgentes, su retraso conlleva importantes consecuencias en el pronóstico de estas patologías, así como en lo que respecta a la calidad de vida de los pacientes, además de que compromete su recuperación, lo que se traduce en destacados costes para el sistema sanitario (bajas laborales, frecuentación hospitalaria y visitas a urgencias, etc.)”, justifica Fenin.

De la misma forma, lamentan que posponer este tipo de cirugías “puede suponer también que persista y se agrave el dolor en los pacientes, así como la limitación funcional que provocan dichas afecciones, lo que impacta directamente sobre el desarrollo normal de la actividad diaria de los afectados y favorece el sedentarismo, con las consiguientes consecuencias sobre la salud cardiovascular, especialmente de cara a enfermedades tales como la diabetes o la hipertensión”. Asimismo, recuerdan que para paliar el dolor de estos pacientes se tiende a aumentar el consumo de fármacos (especialmente analgésicos y antiinflamatorios).

Otra de las consecuencias derivadas del retraso de estas intervenciones es “el agravamiento de la patología y la sobrecarga mecánica de otras articulaciones, acelerando la artrosis y provocando contracturas o tendinitis, lo que supone un empeoramiento del estado físico del paciente”.

“Esta situación llega a repercutir también sobre la salud emocional de los afectados, contribuyendo a la aparición de depresión o ansiedad. Todo ello se traduce además en un importante aumento de los costes que han de asumir los hospitales y las Administraciones Públicas, ya que el incremento de las listas de espera implica que, en el futuro, el sistema deberá destinar mayores recursos a paliar la situación debido al agravamiento de estas patologías”, remachan.