jueves, 24 junio 2021 20:47

La vengativa jubilación del Gobierno a Ángel, un UIP de Urquinaona

Ángel H.S. ya no volverá a vestir oficialmente el uniforme de la Policía Nacional. El agente fue uno de los heridos en la batalla campal de Urquinaona, convertida en un escenario propio de una guerra de guerrillas. Miles de encapuchados lanzaron los adoquines arrancados de cuajo de las aceras y los lanzaron contra las líneas policiales.

Este agente tiene 45 años, pero su baja es “por enfermedad común”, según han asegurado fuentes policiales a este medio. El Gobierno no le ha reconocido mérito alguno por evitar el asalto de los independentistas, tampoco el Ayuntamiento ni el propio Ministerio de Interior, que parece que no tiene un sólo puesto libre para este agente y funcionario de carrera.

Así quedó el brazo de Ángel

Aquella tarde-noche del 18 de octubre de 2019 será recordada como la resistencia policial, la victoria del constitucionalismo frente a los exaltados y violentos independentistas que protestaban por la sentencia del juicio del 1-O, definida por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, como una “venganza” para tratar de vender los “indultos” a los dirigentes independentistas.

LA POLICÍA NACIONAL SUFRIÓ 140 BAJAS EL 18-O DE 2019

Las algaradas comenzaron el lunes 14 de octubre, con la intentona de los separatistas de tomar el aeropuerto bajo el paraguas de ‘Tsunami Democràtic‘. Durante todos los días siguientes de esa semana, los independentistas fueron diezmando las líneas policiales. En algunas calles ya no había aceras, mientras en otras no se pudo sacar la basura debido a la quema indiscriminada de contenedores.

El operativo policial, denominado ‘Ícaro‘, desplegó a la práctica totalidad de los agentes de la Unidad de Intervención Policial (UIP) de Galicia. Fueron los que más sufrieron en Urquinaona. 140 agentes tuvieron que ser atendidos sólo en esa jornada, muchos de ellos no habían descansado de las algaradas anteriores y otros repetían turno.

La noche de ese viernes no fue una más. Los violentos habían planeado tomar la Jefatura Superior de la Policía Nacional, el ‘Álamo’, el último y gran bastión del constitucionalismo. Este edificio es un símbolo, más cuando la Generalitat, en manos de ERC y JxCat, y el Ayuntamiento de Barcelona, con Ada Colau (En Comú Podem) y Jaume Collboni (PSC), han apoyado retirar a la Policía Nacional. Vox, Ciudadanos y Ciudadanos han asistido a la concentración de protesta por el traslado de la sede de la Policía Nacional en Barcelona, un acto que ha tenido lugar este jueves.

URQUINAONA, EL ÁLAMO DE LA POLICÍA NACIONAL EN CATALUÑA

Ángel fue uno de estos agentes que defendieron este bastión. Y lo ha pagado caro, muy caro. De hecho, no podrá ascender más en el cuerpo policial. Su carrera ha terminado, así como cualquier otro trabajo. El cuerpo le jubila por las secuelas dejadas en su cúbito y radio, pero por “enfermedad común”, pese a tener incrustados seis tornillos y una placa metálica en el brazo.

Sus cicatrices así lo constatan. Más de 18 puntos de sutura desde el antebrazo hasta la muñeca. El objeto le aplastó literalmente el brazo. Su esfuerzo por defender a los ciudadanos de Barcelona de la barbarie no ha sido en balde. El objetivo era reducir a cenizas la Jefatura de la Policía. Y lo evitó, al menos el tiempo que estuvo en esa primera línea policial.

ESCOPETERO DE LA UIP

El escopetero destinado en La Coruña fue alcanzado al intentar recargar el arma reglamentaria para lanzar otra pelota de goma. La Generalitat y el Gobierno exponen así a los agentes de este cuerpo, mientras que prohíben este tipo de munición a los Mossos d’Esquadra. Un acto de cobardía para que el independentismo exacerbado campe a sus anchas.

El impacto de este objeto le provocó la rotura del radio, pese a sus protecciones reglamentarias. En un hospital de Barcelona le operaron para incrustarle seis tornillos y una placa metálica. Días después, se le dio de alta y se le trasladó a su residencia.

Otros dos agentes, uno de ellos conocido con el nombre de Pablo, sufrieron también graves heridas. Pablo tuvo que ingresar en la UCI tras el lanzamiento de una piedra desde la azotea de un edificio adyacente a la plaza de Urquinaona. El casco antidisturbios le salvó literalmente la vida. Tenía un traumatismo craneoencefálico, junto a otras heridas.

BARCELONA, UNA DÉCADA DE VIOLENCIA

Barcelona se ha convertido en una ciudad que tolera la violencia desde 2010. Bajo el Gobierno municipal de Xavier Trias (CiU), en la capital catalana se quemaron vehículos policiales y establecimientos, como ocurrió con un coche de la Guardia Urbana y el Starbucks de Urquinaona, que se saldó sin prisión en 2017 para los cuatro acusados.

El desalojo de la casa ocupa de Can Vies, junto a la acampada del 15-M, que se permitió durante meses hasta que hubo un caso de una agresión sexual, fueron los siguientes escenarios de violencia. Uno de estos choques se saldó con 57 heridos, 30 de ellos Mossos d’Esquadra.

El punto de inflexión hacia una violencia más extrema fue en 2014, los altercados por la huelga dejaron una herida grave por una pelota de goma. Ester Quintana perdía un ojo y los Mossos tuvieron prohibido utilizar esta arma antidisturbios.

En 2015 fue un año de protestas, con el asalto al Parlament como uno de los episodios más graves para una democracia. A raíz de esta inercia, con Barcelona como foco de los grupos antisistema y ‘okupas’, los altercados por el referéndum entre septiembre y octubre de 2017 fueron en aumento. Los graves hechos ocurrirían después, durante las manifestaciones de Tsunami Democràtic durante el 2019, con la guerra de Urquinaona como máxima expresión. Sabotajes, cortes de carreteras, destrozos de mobiliario urbano han sido la tónica, como se ha visto ahora con la excusa de la encarcelación de Pablo Hasél, con condena en firme por agredir a un periodista de TV3.