martes, 28 septiembre 2021 22:09

El PP de Ayuso exhibe su control y empuja a Casado enmendar la reprobación de Abascal

El Partido Popular está dividido. Mientras que Pablo Casado, su presidente, juega a sobrevivir hasta las elecciones generales 2023 aprovechando el efecto Ayuso algo ajeno a lo que ocurre a su alrededor, el PP de Madrid ha vuelto a tomar las riendas y a hacer una demostración de fuerza que deja claro que quienes marcan el ritmo son ellos. El terremoto interno que ha sacudido Génova después de que en Ceuta se declarara persona non grata al presidente de Vox, Santiago Abascal, ha abierto más grietas de las que Casado se esperaba. Que el PP se abstuviera de de la votación no ha gustado la formación de Abascal y esto ha obligado al Partido Popular de Madrid que ya dirige Isabel Díaz Ayuso en la sombra a darle un toque de atención a los suyos. Especialmente a un Casado que parece estar a por uvas mientras que Ayuso urde sus mayorías para un futuro. A pesar de todo, Vox ha anunciado que rompe relaciones con el PP por lo ocurrido en Ceuta.

Ha sido el PP de la presidenta de la Comunidad de Madrid el que ha dado la orden de aparecer en público para apoyar a Vox

El PP ha exhibido su malestar con la decisión tomada por el parlamento de Ceuta, pero la parte del partido que lo ha hecho está vinculada a Ayuso. Ha sido el PP de la presidenta de la Comunidad de Madrid, el mismo que ahora marca el ritmo y las pautas a seguir, el que ha dado la orden de aparecer en público para apoyar a Vox, único partido con el que podrá gobernar el Partido Popular en caso de que tenga opciones de gobernar, tal y como se desliza de las encuestas electorales realizadas hasta la fecha. El titular que todos los medios han exhibido tras la orden de la presidenta autonómica es «el PP recula». Y lo hace porque en un principio Casado no había reaccionado, abonando su mala relación con Abascal.

El PP ahora mismo vive una situación extraña. Están los bunkerizados Teodoro García Egea, secretario general del Partido Popular, y su presidente Casado que no quieren mojarse más de la cuenta. Saben que su candidato está al alza en las encuestas gracias a Ayuso y saben que mientras se quede en la sombra y no desentone todo irá bien. Y por otro está quienes de verdad se están fajando a nivel político con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez: el PP de Madrid coordinado en la sombra por Ayuso. Mientras que Casado no reacciona, Ayuso es quien da la orden interna para que el PP mantenga un discurso relativamente coherente. Y así ha pasado estos días.

Esto no es una exhibición de fuerza, tal y como aseguran las fuentes del PP de Madrid, sino una forma de corregir los errores que comete un Casado bunkerizado que no quiere mojarse más de la cuenta. La abstención del PP de Ceuta no fue ni siquiera un error deliberado. Fue «dejadez» de un presidente de partido que no parece estar completamente centrado. La imagen que deslizan de la situación de Génova es la de un equipo de dirigentes encerrados que no se comunican con las bases ni con otras alas de la formación por miedo a que el pálido reinado de Casado se derrumbe.

El PP de Madrid no entendió que Casado no dijera ni hiciera nada después de que el parlamento de Ceuta declarara persona non grata al líder del único partido que daría opciones al propio presidente popular de gobernar. Lo achacan a un error o a «dejadez», pero lo cierto es que quien dio la orden interna de aparecer en público para dar todo su apoyo a Abascal no fue ni mucho menos Casado ni Teodoro. Fue la presidenta de la Comunidad de Madrid, la misma que ahora marca las pautas a seguir en el PP.

Por supuesto, a raíz de la decisión tomada a nivel interno por el equipo de Ayuso, el búnker de Casado ha abierto las puertas a los medios durante unas horas para subirse (una vez más) al efecto que ha llevado al presidente popular a liderar las encuestas tras años en la cola. Ahora, desde Génova se aferran a la idea de que ha sido un PP de Ceuta rebelde el que les ha metido en un problema. Pero lo cierto es que la realidad es que Casado no reaccionó a sabiendas de lo que pasaría.

El discurso del PP ahora es criticar a su facción ceutí y ahondar en la idea de que ellos actuaron a espaldas de la opinión del bunkerizado líder. De hecho, Génova ha llegado al extremo (una vez que Ayuso dio la orden y el pistoletazo de salida para cerraar filas en torno a Vox) de que el PP de Ceuta ha salido a dar explicaciones en boca de su presidente. Y el líder de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas, ha dejado claro que «el señor Abascal, al margen de consideraciones de izquierda y de derecha, vino a decir que en la Asamblea de Ceuta hay partidos políticos que sirven a los intereses de Marruecos y son quintacolumnistas, textualmente, de Mohamed VI. Nos parece extraordinariamente grave, por el momento en el que se produjo, cuando se estaba poniendo en jaque nuestra españolidad y nuestra soberanía».

Ahora, Génova no tienen dudas de cuál es su papel. Pero en el momento en el que se aprobó en el parlamento la declaración, sí que ignoraron qué consecuencias podría tener la abstención de los populares en esta votación. Abascal ha intentado hacer campaña con la situación migratoria de Ceuta y con la crisis que atravesó a finales de mayo. Sin embargo, parece que quien ha salido peor parado ha sido el propio presidente de Vox. Sea como sea, esta declaración ha servido al presidente del partido para que se abra una grieta interna (otra más) en el PP. Y también ha servido para dejar claro que quien lleva las riendas del partido en España es Ayuso, a pesar de que ella sea la presidenta de la Comunidad de Madrid y no la candidata del PP a las generales.