sábado, 16 octubre 2021 14:06

Psicóloga experta en el tratamiento de maltratadores: «No se ven como delincuentes, se sienten víctimas»

el corte ingles

Un 6,8 por ciento de los maltratadores penados que se han sometido a un programa de intervención para agresores por violencia de género son reincidentes a los cinco años, una cifra que se eleva al 11% a los 11 años. Este porcentaje se incrementa hasta el 30% en el caso de los maltratadores que no se han sometido a este tipo de programas previstos para aquellos hombres que han sido condenados por violencia de género pero que no han ingresado en prisión.

Para los psicólogos de Instituciones Penitencias que se encargan de este tipo programa de intervención para agresores en medidas alternativas (Priama) desde hace 14 años, la tasa de reincidencia de los hombres que se han sometido a estas terapia «es un éxito», teniendo en cuenta la dificultad de trabajar con personas que no reconocen el daño causado.

«Al no haber ingresado en prisión no se ven como delincuentes, se sienten víctimas, creen que no han hecho nada y que la ley está de parte de las mujeres», ha explicado a Europa Press una de las psicólogas especializadas que trabaja en el programa desde su origen.

La Ley de Protección Integral contra la Violencia de Género de 2004 prevé la necesidad de que los hombres condenados, cuya pena privativa de libertad esté suspendida o sustituida, participen en programas de intervención como parte de las reglas de conducta impuestas. Fue al amparo de la ley como Instituciones Penitenciarias creó en 2007 el grupo de psicólogos –actualmente integrado en un 85% por mujeres– experto en violencia de género para poner en marcha este programa específico de intervención, cuyas plazas ha convocado ahora el Ministerio en un proceso de estabilización del empleo en contra del criterio de los profesionales afectados.

«El objetivo de estos programas de intervención es erradicar las conductas violentas y disminuir la probabilidad de reincidencia en actos de violencia de género por parte de personas condenadas», ha explicado a Europa Press la psicóloga. De este modo, no «solo se trabaja con los agresores, sino que el objetivo de la ley es proteger a las víctimas, intentando evitar la reincidencia».

Los beneficiarios son personas cuyas penas no superan los dos años y un día de cárcel y a los que el juez les otorga el beneficio de no ingresar en prisión a cambio de participar en un plan socioeducativo. «Ellos están haciendo una vida ordinaria en la calle, pero no pueden contactar con la víctima, no pueden ir los lugares que ella frecuenta, a su domicilio, ni muchas veces al colegio de los niños», ha explicado la experta.

Así, «llegan con estas premisas a los grupos de intervención donde se busca que cambien sus pensamientos, aprendan a modificar sus emociones y conductas derivadas de un concepto machista y patriarcal, con el objetivo de que no vuelvan a hacerlo y proteger así a la mujer y a su prole», ha explicado la experta.

Precisamente, una de las mayores dificultades para la intervención con estas personas es su pensamiento sexista y el hecho de que no reconozcan el mal causado. «Ven que fue una mujer quien los denunció, una juez quien los juzgo, que interviene una fiscal y le ha tocado una abogada de oficio, y entonces piensan que quién les va a creer a ellos y se justifican», ha indicado la psicoterapeuta.

A este sentimiento se suma «su malestar al no querer reconocer qué han hecho mal, tienen una negación al delito, quieren olvidar y se sienten estigmatizados», a la vez que rechazan acudir a ningún tipo de terapia a la que se ven obligados a ir. «Nuestro trabajo es hacer que pasen de una desmotivación extrínseca a una motivación intrínseca, que vean que tienen que cambiar y conseguir que empaticen con las víctimas», comenta.

Para ello, los expertos trabajan generalmente en grupo al considerar que este tipo de terapias «son muy beneficiosas» para los afectados. «Unos aprenden de otros, entre ellos hay un aspecto rehabilitador, algunos cuentan cosas que para otros son inconcebibles y les hacen reflexionar», ha indicado la experta.

En muchas ocasiones les cuesta aceptar la autoridad en el grupo de una profesional psicóloga por el hecho de ser mujer. «Esta mañana estaba intentado explicarles las distorsiones cognitivas introduciéndoles en cómo se tienen que hacer responsables de sus comportamientos y uno de ellos me comentó que no entendía el lenguaje utilizado porque era muy técnico; le dije que me alegraba su comentario y se lo conté de nuevo bajando a un nivel muy coloquial para que lo comprendiese, pero su respuesta fue pedir a un compañero que estaba allí que se lo explicara él, porque no aceptan que nosotras seamos autoridad, es superior a sus fuerzas y lo que pretendía era ningunearme», ha expresado la psicóloga.

En muchos casos, según la profesional, «son personas con poca preparación que en el trabajo se consideran unos ‘mindundis’, en los que el jefe les trata mal, así que ellos se consideran jefes en casa, donde quieren mandar y demostrar que tienen poder».

En el caso de integrantes del grupo con estudios universitarios, es habitual que generen inicialmente rechazo entre la mayoría. «Si luego se alinean con el resto pasan a ser héroes, y si observan algún cambio positivo en su forma de pensar pueden decidir aislarlo o, auque es muy difícil, puede arrastrar a los demás».

En algún caso, a través de los grupos de terapia han podido detectar el aumento de riesgo para alguna mujer, que pusieron en conocimiento del programa Viogen, donde se actualizan a diario los perfiles de los maltratadores. «Si hemos tenido casos y es ahí donde ves la importancia de estos grupos en la protección de las víctimas, porque puedes detectar situaciones preocupantes y anticiparte», ha reconocido.

El programa de intervención tiene una duración de 10 meses aproximadamente tras los que se pretende que el maltratador empatice con su víctima y reconozca el daño causado. «Esta mañana, trabajando con un grupo, uno ellos reconoció que él había sido quien lo había hecho mal, pero a continuación comenzó a cargar la culpa contra su pareja… esto es un proceso largo».

En este largo camino, asegura la experta, hay quienes al cabo del tiempo «dan las gracias, admiten que se relacionan mejor con su familia, cuentan que les va bien y que han iniciado una relación de pareja desde otra perspectiva». «No tengo ansiedad, ahora me acuesto y duermo», llegan a admitir, según la psicóloga.

EXPERIENCIA DE 14 AÑOS

La experta ha destacado los buenos resultados del programa de intervención a lo largo de los años, que la relaciona con la experiencia de los profesionales que trabajan en el equipo desde hace 14 años. En aquel momento, Instituciones Penitenciarias seleccionó al grupo de psicólogos entre quienes superaron un curso y un examen para formar parte del equipo tras acreditar su formación en violencia de género.

«La mayoría veníamos de un profundo conocimiento del feminismo, habíamos trabajado con víctimas, teníamos una preparación en violencia de género y llegamos con mucha formación al respecto», ha explicado la psicóloga.

Ahora estos profesionales, en situación de interinidad desde 2007, deberán someterse a un concurso oposición que ha sido convocado por Instituciones Penitenciarias en un proceso de estabilización del empleo que consideran «injusto» tras «14 años de dedicación exclusiva a erradicar la violencia de género».

«Queremos creer que no existe intención de echarnos y pensamos que para la administración seguimos siendo válidos, por eso pedimos que rectifique y solicitamos que se nos haga fijos por méritos, eso sería lo proporcionado y justo», considera el colectivo.