jueves, 2 diciembre 2021 17:28

Vox vuelve a fiar su futuro a unas elecciones andaluzas con la intención de acercarse al PP

Las elecciones andaluzas de 2018 colocaron a Vox en el mapa político y la misma cita podría ser la primera piedra que coloque la formación liderada por Santiago Abascal para recuperar el terreno perdido en los últimos tiempos.

Otra clave en la nueva estrategia de este partido es judicializar la política para colocarse discretas medallas (la imputación de José Félix Tezanos por presunta malversación de fondos en el CIS), recurrir los indultos gubernamentales concedidos a los líderes del procés o intentar obligar al Gobierno que siga sufragando los colegios que segregan por sexo.

Aun así el golpe de efecto que podría cambiar la dinámica en el caladero electoral conservador podría ser Andalucía, donde el Partido Popular baraja adelantar las urnas si Vox rechaza aprobar los presupuestos (y el PSOE de Juan Espadas no los posibilita con una abstención).

Andalucía

Las expectativas de Vox en el sur son muy positivas de la mano de Macarena Olona, que podría dejar el Congreso de los Diputados por liderar a la formación conservadora en la próxima cita. La intención de Abascal es comenzar una nueva etapa en la que pretenden formar parte de los gobiernos liderados por el PP.

Para ello Abascal ha intentado rebajar la crispación interna que vive el partido después de que un sector antivacunas haya liderado una campaña contra uno de los puntales mediáticos de Vox, Federico Jiménez Losantos.

El líder del partido fue rotundo: «El que se dedique a la coacción, las amenazas, los escraches no tiene sitio en Vox. Quien no respete la libertad de las personas para hacer lo que quieran con su salud, no tiene sitio en Vox. Si detectamos eso no tardaríamos en actuar a través de nuestros órganos internos».

El locutor se había lamentado al sufrir «una campaña absolutamente salvaje incompatible no ya con la libertad y la democracia, sino con la urbanidad más elemental, por parte de un sector que pretende representar o apoderarse de Vox, y ante la que Abascal no ha sabido, querido o podido hacer frente. Peor: como Casado, no está sabiendo ver el daño personal y político que su empecinamiento en el error hace a su persona y, en la medida en que su liderazgo es su activo principal, a Vox«.

Losantos recordó que «el programa electoral de Vox dice en su apartado de sanidad que la vacunación de los niños debe ser obligatoria y gratuita. Es decir, lo que con los diversos problemas de desajustes que produce la dispersión autonómica es uno de los pocos elementos en que coinciden la Izquierda y la Derecha. Ni qué decir tiene que esa vacunación obligatoria invita a suponer que un Gobierno en el que estuviera Vox no aceptaría la desatención sanitaria a un niño, al que, por razones religiosas o ideológicas, sus padres dejasen morir«.

«No sé cómo Abascal llegó a creer -quiero suponerlo arrepentido- que la horda que esta semana ha atacado a esRadio -yo estoy acostumbrado a las ratas y a los desagradecidos- de una forma que creímos exclusiva de la extrema izquierda, tiene importancia en su base electoral. No la tiene, y si la tuviera, Vox debería combatirla», añadió.

España y lo social

Vox teme que la fuerza de las candidaturas de la ‘España vaciada’ le roben votos de las zonas rurales. Otro asunto clave para Abascal es proveerse de un discurso social, tal y como hacía Jean-Marie Le Pen en Francia con el ánimo de que el Frente Nacional se hiciese fuerte en graneros tradicionales del comunismo.