La obsesión del Gobierno por meter personal civil en el CNI le pasa factura

El Centro Nacional de Inteligencia no vive su mejor momento. Es difícil abrirse hueco dentro del CNI si no tienes un pasado militar. Tanto Paz Esteban López como Esperanza Casteleiro carecen por completo de esos galones que imponen respeto dentro del Centro. El problema es que la sensación de estar «descabezados» es cada vez mayor en el CNI porque ni Paz Esteban ni Esperanza han conseguido imponer cierta disciplina interna en el Centro Nacional de Inteligencia para acabar con los problemas que estallaron con el uso de Pegasus en los teléfonos de algunos dirigentes políticos. Parte de esta culpa la tiene directamente Margarita Robles, quien no parece haber conocido la naturaleza que rige el Centro Nacional de Inteligencia. Pero lo cierto es que parece casi imposible completar ese proceso que arrancó con este Gobierno de introducir personal civil dentro del CNI.

Esperanza Casteleiro ha heredado ese CNI de Paz Esteban que añora a Félix Sanz Roldán. Fuentes del Ministerio de Defensa dejan claro que la falta de pasado militar de las últimas directoras del Centro no han sido capaces de ganarse el respeto interno, pese a que Paz Esteban sí que consiguió cierto respaldo cuando el Gobierno echó la culpa al CNI de los espionajes con Pegasus a altos cargos del Consejo de Ministros y a políticos de ERC. El Centro Nacional de Inteligencia vive malos momentos por su desafección con el Gobierno y por el hecho de que no se consigue un nuevo Félix Sanz que consiga aunar el CNI, que ahora tampoco mantiene una buena relación con el Gobierno. Esperanza Casteleiro ya ha sido duramente criticada no por su gestión, sino por el hecho de que el Ministerio de Defensa de Margarita siga empeñado con una medida que no gusta en el Centro.

Esperanza Casteleiro ya ha sido duramente criticada no por su gestión

El Gobierno se ha empeñado en introducir personal civil dentro del Centro Nacional de Inteligencia. Y lo hace directamente desde arriba, en los puestos en los que le equipo de Pedro Sánchez tiene algo que decir. Hay que añadir el papel de Margarita Robles, una ministra que no se ha preocupado por cuestiones internas del CNI y directamente ha cumplido con ese designio del Gobierno de colocar a personal civil en el Centro aderezado con cuestiones de género. No es que Paz Esteban o Esperanza Casteleiro no tengan un currículum brillante, sino que en ningún caso se planteó la posibilidad de añadir a un hombre en la carrera por dirigir los servicios secretos. Otro punto que no gustó en el CNI dado que se entiende que no caben este tipo de discusiones políticas en algo tan fundamental para el Estado como el Centro Nacional de Inteligencia.

El que no haya pasado militar en sus altos cargos no es algo que haya pasado desapercibido para los agentes y miembros del Centro Nacional de Inteligencia. Pero los empeños del PSOE en controlar el Centro mediante personas afines ajenas al mundo militar tampoco ha gustado. Si a esto le sumamos las últimas polémicas con Pegasus, el resultado es un CNI completamente en desacuerdo con el Gobierno. Esperanza Casteleiro es una vieja conocida del Centro y no genera especialmente fricciones porque las fuentes insisten en que ella misma es consciente de que la falta de un pasado militar le pasa factura. Pero desde el Centro insisten en el hecho de que las cuestiones políticas del Gobierno y su empeño en trasladarlas al CNI han traído otros problemas que no deberían ser menores para el Gobierno.

Uno de esos problemas con los que tuvo que lidiar la propia exjefa del CNI Paz Esteban fue el hecho de que los servicios secretos de los países musulmanes veían con recelo el relacionarse con una directora del Centro Nacional de Inteligencia. El ser mujer no es un problema para según qué países, pero sí lo supone para los musulmanes. Esto trajo problemas de gestión y coordinación con Emiratos Árabes Unidos y Marruecos, tal y como deslizan fuentes del Gobierno a MONCLOA.com. Este tipo de problemas operativos se han dejado ver y han sido comentados por los servicios secretos, pero aunque no sea una cuestión clave, lo cierto es que son más ejemplos de por qué la agenda 2030 no debe invadir la estrategia a seguir por el Centro.