martes, 6 diciembre 2022 02:02

Etiquetado energético en tela de juicio

Desde el 1 de marzo de 2021, la etiqueta energética en los electrodomésticos con su escala de la A a la G es un hecho. Todos los electrodomésticos tienen que llevar por ley el distintivo que identifique la categoría a la que corresponde. Lavavajillas, televisiones, secadoras, lavadoras, monitores… todo está reglamentariamente marcado.

Con este etiquetado, el objetivo de la Unión Europea fue que toda la información estuviera lo más clara posible para los consumidores. Saber cuál es la opción más eficiente es un punto a favor a la hora de comprar un electrodoméstico sea del tipo que sea, más ahora dados los precios de la electricidad.

Comprar un aparato eléctrico supone un desembolso económico que no todo el mundo es capaz de realizar. Cada vez son más quienes se ven obligados a recurrir a los minicréditos al consumo como los de Avinto para adelantar la compra de algo imprescindible que no puede esperar en la mayoría de los hogares.

Etiquetado “irregular y engañoso”

Con el anterior etiquetado (A +, A ++ y A +++) se tenía comprobado que la motivación en la adquisición era menor que con la escala de la A a la G que entro en vigor después. Tal y como dice la Organización de Consumidores y Usuarios, este etiquetado se revisará cuando la clasificación A esté en un 30% de los electrodomésticos.

No obstante, la misma organización asegura que el etiquetado está pasando por una situación “irregular y engañosa” que pone en tela de juicio a un 6% de lavadoras y un 4% de monitores y televisiones. En muchas ocasiones, denuncian que la etiqueta solo menciona los programas ECO y no siempre es el que se usa en las casas.

De poco ha servido el cambio si un año después ha podido comprobarse que las etiquetas que aparecen en los electrodomésticos o son antiguas o no corresponde con la realidad.

Esto supone un engaño para el comprador porque falsea el hecho de poder comparar la eficiencia de una misma categoría con 2 valoraciones: una la antigua y otra la actual. Por ejemplo, un electrodoméstico etiquetado ahora como podría ser más eficiente que uno que antes estaba marcado con la etiqueta A +.

La idea del etiquetado energético es buena si se hace bien, ya que permite identificar de manera rápida y fácil ante qué tipo de consumo se estaría antes de comprar. Si esta etiqueta solo se refiere al programa ecológico, es un error porque no todos los consumidores lo usan siempre.

De hecho, el programa ECO en una lavadora cualquiera trabaja con el agua a una temperatura entre los 40-60 grados y muchas personas prefieren lavados cortos, a temperatura menos caliente y más económico. La etiqueta energética debería servir para identificar al aparato en su conjunto no solo en uno de los programas.

Qué especifica la etiqueta energética

La etiqueta energética indica 7 clases de eficiencia que van de la A a la G con distintos colores para su identificación. El verde oscuro es el mejor de todos y el rojo es el peor, y se basan cuánta energía se consume en cada programa (no solo en el ECO). 100 ciclos de lavado constituyen la base del gasto energético.

La etiqueta debe incluir un pictograma con las características. En el caso de una lavadora, por ejemplo, hay que señalar la capacidad de carga, la emisión de ruido, duración de los programas en minutos, cuánta agua se consume y cómo es de eficiente el programa de centrifugado.

También es preciso que indique el consumo anual de energía, el grupo al que está asignado a simple vista y un código QR que pueda escanearse para obtener más información acerca del electrodoméstico en cuestión. Desde él se accede directamente a la base EPREL para obtener más datos del producto.