sábado, 26 noviembre 2022 13:26

Villarejo dice ser víctima de un «código rojo» con el que el CNI quiso «silenciarlo» por denunciar ilegalidades

José Manuel Villarejo ha puesto el broche al primer juicio celebrado por ‘Tándem’, la macrocausa donde se investigan sus negocios privados, incidiendo en el «origen chusco» de un caso que asegura que fabricó el ex jefe del CNI Félix Sanz Roldán para «silenciarlo», con la supuesta ayuda de policías y fiscales «confabulados», a modo de «venganza» por las denuncias que el ahora comisario jubilado había hecho sobre el «uso y abuso de las instituciones del Estado».

Villarejo, ataviado con toga y parche, ha tomado la palabra en la sesión de este martes para terminar el informe iniciado el día anterior por su abogado defensor, Antonio José García Cabrera, para alicatar la tesis que ha dominado su estrategia de defensa a lo largo de los casi doce meses que suma ya esta vista oral por tres encargos: ‘Iron’, ‘Land’ y ‘Pintor’, por los que se enfrenta a 83 años de cárcel.

«La causa Villarejo es un código rojo», ha arrancado, aludiendo a la película ‘Algunos hombres buenos’, donde «se ordenó eliminar» a uno de ellos y, aunque «todos lo negaron» porque hacerlo era «ilegal», en el juicio se descubrió la verdad. «No puede haber más coincidencias (…) Siguiendo las órdenes del jefe del CNI, aplicaron ese código rojo a uno de los suyos porque creían que con su conducta ponía en peligro los pactos y componendas con los que se mantenía el equilibrio de las instituciones», ha completado.

El supuesto odio de Sanz Roldán hacia su persona, ha explicado, obedece a las múltiples denuncias que desde los años 90 y hasta 2015 formuló contra el propio general, Asuntos Internos, fiscales anticorrupción y otros «tantos poderosos» para alertar sobre «el atropello» de «quien ha permitido que se usara y abusara de las instituciones». Por todo ello, él mismo se ha descrito como «un temerario».

Al margen de las ‘vendettas’ personales, el comisario ha enfatizado que Sanz Roldán tenía en mente otro objetivo: el «botín» de su «archivo personal» de audios, los de las conversaciones que ha ido grabando durante años de todos con los que se ha reunido. «Lo que le importaba, lo que le obsesionaba, lo que le preocupaba eran los audios», ha aseverado.

En este «montaje», Villarejo también ha incluido a la Unidad de Asuntos Internos de la Policía Nacional, la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil y Anticorrupción como «conjurados», insistiendo en este sentido en que la «patraña» de denuncia anónima de la que partió el caso nunca fue tal porque todos habrían sabido desde el principio que quien la envió fue un «agente del CNI», David Vidal.

Especialmente duro se ha mostrado con el Ministerio Público, llegando a hablar de «fiscal insultador» por el contundente informe presentado por Miguel Serrano, en el que habló de «partido paraprocesal» y pintó a Villarejo como un «policía corrupto» ayudado por sus secuaces», unas palabras que –en opinión del comisario– revelan «una animadversión personal, porque no acusa, se venga».

«UN ESTATUS ESPECIAL»

Además, ha vuelto a manifestar que desde 1995 disfrutaba de un «estatus especial» por el cual podía «actuar sin que nadie de su propio cuerpo lo supiera» para obtener información de interés para el Estado usando CENYT como tapadera. En este punto, ha afirmado que todos los gobiernos desde entonces «emplearon sus servicios durante años y le ordenaron actuar en numerosas operaciones». «¿Abrimos ese melón?», ha retado.

A renglón seguido, se ha adentrado en un extenso repaso de su hoja profesional en el que ha destacado su intervención para evitar atentados, viajes a Oriente Próximo y en asuntos como el 11-M o los GAL, así como su presunta intermediación con la ex amante del rey emérito Corinna Larsen. «¿Si no hubiera tenido la convicción de estar actuando como servidor del Estado, me habría atrevido a denunciar?; ¿de no haber contado con la autorización de los gobiernos, habría arriesgado la singular situación que tenía?», ha planteado.

Asimismo, ha llamado la atención sobre lo que considera una evidente «utilización política» de su causa. En este sentido, ha preguntado qué pasará «cuándo gobierne el PP» y cambien las tornas: «¿Aparecerán los encargos del PSOE?».

SE PODRÍA HABER HECHO «DE ORO»

En este contexto, ha indicado que, a pesar de que los fiscales Serrano y César de Rivas le han perfilado como «un sujeto abominable y ávido de dinero» que ha usado CENYT para llenarse los bolsillos con investigaciones privadas valiéndose de los medios policiales a su alcance, «todo es mentira». Al hilo, ha reiterado que CENYT facturaba porque era la única forma de mantener viva la «tapadera», cuestionando si había otra forma de sostenerla cuando «el Estado no la financiaba de ninguna manera».

Ha reivindicado que era su «grupo empresarial familiar el que siempre pagaba todo», aunque no haya recibos firmados. «¿Acaso somos tan cínicos como para ignorar las estructuras ‘offshore’ que el CNI tiene para pagos inconfesables?», ha lanzado. A ello ha añadido que como se habría hecho «verdaderamente de oro» es vendiendo al mejor postor la información obtenida de sus tratos con terroristas y narcotraficantes o por su conocimiento sobre casos de corrupción. «Se sorprenderían de lo que me han llegado a ofrecer», ha apostillado.

UN «PROFUNDO QUEBRANTO» A SU REPUTACIÓN

Con todo, no ha dudado al volver a calificar esta causa de «general y prospectiva» porque se ha investigado «toda su vida, durante más de 30 años, para ver qué se puede encontrar» bajo la supuesta excusa de los «hallazgos causales». El conjunto de la investigación, desde los registros efectuados en 2017 y 2020 en las casas y oficinas de Villarejo y su socio Rafael Redondo –que ha recordado como el «asalto a la casa de un jubilado»–, al análisis del material obtenido, pasando por la cadena de custodia, ha sido «una chapuza a modo de ‘Dora, la exploradora'», ha resumido.

En cuanto a los tráficos de llamadas y la información bancaria, tributaria y de la seguridad social que –de acuerdo con las acusaciones– obtuvo mercadeando con ex mandos policiales para usarlas en beneficio de sus clientes privados de CENYT, ha resuelto que eran documentos «falsos», meras copias de los que nunca se han mostrado originales. Todas estas «maniobras parafiscales» le han causado un «profundo quebranto» tras el cual dice que «difícilmente podrá restituirse una reputación personal y profesional, que era intachable hasta que Sanz Roldán decidió aplicar el código rojo».

Para Villerejo, «es justo» que el tribunal valore sus décadas de trabajo «jugándose la vida», algo que entiende incomparable con el hecho de determinar si estaba autorizado o no para usar CENYT a título personal. Así, se ha definido como «un viejo y cansado combatiente» que ha tenido «una colaboración absoluta y desinteresada» con todos los servicios de Inteligencia –civiles y militares– para cuestionar «quién ha sido el pirómano» en este incendio. En consecuencia, ha instado al tribunal a hacer Justicia frente a la orden de «vale todo con tal de eliminar a un elemento problemático para el ‘establishment'». De no ser así, ha alertado, «quiebra el Estado de Derecho».

LA VÍSPERA DEL FINAL

De esta forma, tras casi dos horas, ha concluido su informe de parte, en calidad de abogado codefensor, renunciando a su derecho a la última palabra, del que sí han hecho uso otros acusados. En concreto, han intervenido Andrés Medina y María Ángeles Moreno, dos acusados por ‘Iron’, los únicos trabajadores de Herrero&Asociados que no se han conformado, para defender su inocencia. «Espero ser absuelta y que esta sala me devuelva mi vida», ha dicho ella. Sin embargo, el juicio no quedará visto para sentencia hasta este miércoles, cuando se espera que hable el ex policía Constancio Riaño, señalado como uno de los colaboradores del comisario.