lunes, 30 enero 2023 23:09

Sin campo nada en la mesa

A un mes del fin de año, el campo español aún no ha encontrado el apoyo necesario para hacer frente a los numerosos desafíos a los que se enfrenta. En marzo, más de 200.000 agricultores, ganaderos, regantes, entre otros, se daban cita en la capital bajo el lema ‘El mundo rural despierta’, para alertar sobre la delicada situación del sector y exigir al Gobierno, medidas urgentes para hacer frente a los obstáculos que ponían en riesgo directo la producción de alimentos y la productividad de un sector esencial de la economía española.

Meses después, el campo vuelve a las calles para exigir que su voz sea escuchada. ‘Sin Campo Nada en la Mesa’ es uno de los lemas de la nueva convocatoria de la patronal agraria Asaja. Sin embargo, los motivos son similares a los de las protestas de marzo. Entre las razones que los han llevado a protestar, se encuentran los constantes ataques por parte de ciertos miembros del Gobierno. La última gota que ha rebalsado el vaso ha sido la jornada organizada por la Oficina de la Comisión Europea en Madrid sobre la nueva Política Agrícola Común en Europa (PAC), durante la cual, según afirman desde Asaja “se ignora el papel protagonista de los agricultores, relegándonos a un papel de poco más que de convidados de piedra”.

Esto ha llevado a la entidad a organizar una serie de movilizaciones para manifestar el descontento del sector con la PAC que entrará en vigor en enero de 2023. Según denuncian desde Asaja, la PAC, como así también las estrategias ‘De la Granja a la Mesa’ y ‘Biodiversidad’ del Pacto Verde, “se han orquestado de espaldas al campo y limitan y restringen la actividad productiva”.

El lema de ‘Sin Campo Nada en la Mesa’ hace referencia directa a la Estrategia ‘De la Granja a la Mesa’, presentada por la Comisión Europea en mayo de 2020 en el marco del Pacto Verde. Esta estrategia busca evolucionar el sistema alimentario actual de la UE hacia un modelo más sostenible. Sin embargo, esta propuesta fue desarrollada previa a la invasión rusa de Ucrania, por ende, no tiene en cuenta el contexto actual, ni el incremento de costes de producción, ni los precios en alza de la electricidad, gas, fertilizantes, etc. Por ende, desde Asaja consideran que la estrategia europea terminará “perjudicando al futuro de España” y es por ello que le dicen “no a la interminable lista de limitaciones y restricciones para la agricultura productiva en el horizonte 2030”.

Entre los objetivos de la estrategia europea de la ‘Granja a la Mesa’ se incluye la reducción en un 50% del uso de plaguicidas y fertilizantes y el mínimo obligatorio del 25% en la cantidad de tierra dedicada a la agricultura ecológica, entre otros. Desde Asaja, ven estos objetivos como restricciones para la agricultura productiva, por lo que exigen al gobierno que acabe con “los atropellos al sector agrario” y llaman a “iniciar una nueva etapa de diálogo y decisiones consensuadas con este sector esencial de nuestra economía, que además es el verdadero garante de nuestro patrimonio natural”. También insisten en que estas restricciones “se han fijado con un único interés ideológico y sin ninguna base científica”.

“Si no estamos en el campo, no habrá nada en la mesa”, aseguran desde el sector. Recuerdan que tanto la crisis de la Covid-19, como la guerra en Ucrania han tenido un grave impacto en el mercado agroalimentario y energético mundial. Esto ha reforzado la necesidad de garantizar un aprovisionamiento, no solo para la ciudadanía, sino también para cumplir con los compromisos alimentarios mundiales. Por eso consideran que para que la PAC funcione, se necesitan agricultores y ganaderos. “Sin los agricultores en el campo, no hay comida en la mesa”, expresan.

Otra de las medidas estipuladas en la estrategia europea es la del etiquetado sobre propiedades nutricionales en la parte frontal del envase. Al igual que el punto sobre la agricultura ecológica, el etiquetado de alimentos ha generado un gran debate a nivel europeo. Como ha sucedido también con las otras iniciativas, a esta también se la acusa de no contar con una base científica. O mejor dicho, esto es lo que se le recrimina, entre otras cosas, a uno de los modelos que hasta ahora era el favorito para convertirse en el sistema de etiquetado armonizado a lo largo de la UE, el francés Nutri-Score.

Más allá de las discusiones que se están desarrollando a nivel europeo sobre las graves limitaciones del etiquetado Nutriscore, en España su presentación también generó importantes diferencias en el seno del Gobierno. Este caso representa otros de los “ataques” que el campo español le adjudica al Gobierno. Esto debido a que el proyecto sobre el etiquetado frontal de alimentos está en la órbita del Ministerio de Consumo encabezado por Alberto Garzón. Si algo le faltaba al sector, era un dolor de cabeza más, derivado de las injustas calificaciones que le adjudica el semáforo NutriScore a los productos tradicionales españoles.

El caso más ridículo es el del aceite de oliva, cuya nota ha cambiado a lo largo de los meses y a fuerza de una gran presión por parte del sector, pero que aún así, acaba obteniendo una etiqueta NutriScore C. Lo que para el Dr. Ramón Estruch Riba “es una broma”. Así lo explicó durante un debate organizado por Euractiv en Bruselas, durante el cual el profesor asociado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona aseguró que no cree en el NutriScore, ni en sus “evoluciones”. Especialmente debido a que los cambios son los que han llevado a “la absurda situación de que la clasificación del aceite de haya sido modificado positivamente en los últimos años por el algoritmo artificial del NutriScore, pasando de una E, a una D y recientemente a una C”, concluyó Estruch.

“NutriScore no valora los enormes beneficios saludables que la ciencia ha descrito en los últimos años”, explicaba el Presidente de Asaja meses atrás en una entrevista. Su conclusión es que el etiquetado “no logra su objetivo de garantizar una mejor información del etiquetado y confunde al consumidor en la toma de decisiones alimentarias más saludables”. ¿Por qué entonces seguir debatiendo sobre una herramienta que tendrá tantos efectos negativos?

El futuro del campo español no puede depender de medidas cuyo sustento científico es cuestionable o en algunos casos, inexistente. Como bien lo explica el sector, “sin los agricultores en el campo, no hay comida en la mesa”. Es momento de que el Gobierno escuche sus reclamos y priorice las necesidades de este sector esencial para la economía.