miércoles, 29 mayo 2024

La Iglesia católica en Siria pide levantar «inmediatamente las sanciones» para reconstruir el país tras el terremoto

Varios miembros de la Iglesia católica presentes en Siria han alzado su voz para solicitar que Estados Unidos y la Unión Europea levanten «inmediatamente las sanciones» para poder reconstruir las zonas afectadas por el terremoto que ha dejado más de 5.000 muertos y decenas de miles de heridos.

«Perpetuar las sanciones contra Siria significa condenar a muerte a muchas personas. Pedimos levantar inmediatamente las sanciones», ha asegurado Mons. Georges Abou Khazen, Vicario Apostólico de Alepo para los católicos de rito latino, en declaraciones a Europa Press tras lamentar que las sanciones impuestas por los países occidentales contra el régimen de Bashar al Assad se ceban sobre todo con los sirios más pobres. «Todo está frenado por el embargo que nos aísla de la comunidad internacional», ha agregado.

El padre Bahjat Elia Karakach, párroco latino de Alepo, ha compartido su visión: «No hay inversiones, hay mucha corrupción y la gente sigue emigrando, ninguna solución viene de una política de sanciones» ha señalado. En este momento- tras el sisma cuyo epicentro se registró en Turquía, en el distrito de Pazarcik, al sureste del país, con un temblor de magnitud 7,8 Richter- «la prioridad es intentar salvar el mayor número de vidas posible» ha señalado el sacerdote si bien ha explicado que los temblores continúan y que no se sienten «a salvo».

Los franciscanos del norte de Siria, una de las zonas del país más devastadas por 12 años de conflicto, han puesto en marcha la maquinaria de la solidaridad. La primera noche del terremoto del 6 de febrero, la iglesia latina de San Francisco en Alepo de la que el padre Bahjat es párroco se convirtió en el refugio de casi 500 personas, entre ancianos, niños y familias asustadas.

«Vinieron por la noche en pijama y descalzos, bajo la lluvia y el frío y a oscuras, porque no hay electricidad. Ahora tenemos los pasillos de la iglesia llenos de familias que no se atreven a volver a casa porque, o bien está destruida, o bien la casa es insegura», ha manifestado en conversación con Europa Press.

De momento, el franciscano -que vive en la Iglesia latina con otros tres franciscanos- no ha podido salir a ver los derrumbes de la ciudad de Alepo que se suman a la destrucción de la guerra porque están «totalmente atrapados en la Iglesia con las tareas de asistencia y ayuda a la gente, ante una emergencia terrible». Así ha asegurado que no tienen «colchones suficientes, ni mantas para todos» y las 500 personas – muchos de ellos «ancianos, personas con discapacidad y heridos»– que han acogido tienen que «dormir en sillas». Con todo, el sacerdote ha asegurado que les han proporcionado la comida y la bebida necesarias.

«La parroquia de San Francisco tiene sus puertas abiertas para todo el mundo. Ya teníamos un servicio de comidas para los más pobres antes del terremoto y preparábamos 1.200 al día. Pero ahora con esta terrible emergencia estamos distribuyendo más de 2.200 comidas calientes, quinientas de las cuales se enviaron a las zonas más afectadas, que están en el este de Alepo, donde hay construcciones más frágiles», ha manifestado el padre Bahjat

Las durísimas condiciones meteorológicas, con fuertes lluvias y frío, no están ayudando a la labor de los equipos de socorro: «Estamos esperando a que cesen un poco estos temblores para ver qué hacer. Queremos empezar a ayudar un poco a la gente a reparar sus casas, a reconstruir. Somos un país devastado por la guerra y las instituciones oficiales no son capaces de cubrir los costes de la reconstrucción, que de por sí nunca se produjo tras la guerra». En este sentido, ha explicado que ya era una situación extrema antes del terremoto, pero que siente que ahora están «condenados». Y ha remachado: «Necesitamos ayuda, Occidente debe levantar inmediatamente las sanciones a Siria».

Otras ciudades sirias como Homs, Latakia, Idlib, Tartous también han quedado completamente devastadas. La destrucción del terremoto se suma a casi 12 años de guerra y una situación de pobreza provocada por el embargo y las sanciones internacionales. «La gente está cavando con las manos desnudas con linternas de sus teléfonos móviles, alguien ha encendido los faros de los coches para ayudar a localizar a las personas bajo los escombros.

Aquí no hay electricidad, salvo en algunas zonas y durante unas horas al día. Los heridos son muchos, los hospitales pocos y de mala calidad. Los muertos… No lo sabemos», ha señalado una superviviente de unos cincuenta años en la ciudad de Idlib en declaraciones al diario italiano ‘La Stampa’. Entre ellos había un sacerdote, el padre Imad Daher, que sobrevivió a un bombardeo hace unos años, como recordó el Nuncio Apostólico en Siria, el cardenal Mario Zenari, que estará desde este miércoles en Alepo.

«TODA AYUDA ES POCA»

Por su parte, Giacomo Pizzi, un trabajador de Pro Terra Sancta, una ONG de la Custodia de Tierra Santa, que lleva años trabajando en el país para apoyar a la población ha asegurado en declaraciones a Vatican News que toda ayuda es poca: «Necesitamos toda la ayuda posible. Necesitamos mantas. Está lloviendo. Las temperaturas son cercanas a cero y aquí no hay calefacción ni luz. Y, sobre todo, se necesitan alimentos y agua».

Los derrumbes han destruido un techo de plexiglás que se había construido en la sede de la Iglesia en Alepo gracias a muchas donaciones del extranjero, para que los niños pudieran jugar, aunque lloviera. «Parece poca cosa, pero cuando vi el toldo destruido por un momento me invadió la desesperación. ¿Para qué estamos aquí? ¿Para qué reconstruimos si todo vuelve a destruirse en un segundo? Entonces vi a los supervivientes reunirse espontáneamente en la iglesia para dar gracias a Dios por estar vivos», ha manifestado.

La situación de los hospitales es también dramática. La mayoría funcionan con generadores de electricidad a gas, por la falta de electricidad, pero en este momento no hay gasóleo. «Es escaso porque hay sanciones a Siria, por lo que disponer de estos materiales es muy difícil», ha detallado el padre Bahjat.

Desde 2017 el proyecto Hospitales abiertos, avalado por el Vaticano, ha permitido a los más vulnerables de Siria recibir atención médica gratuita. En el país, el 60 % de los hospitales han sido destruidos por la guerra y los pocos que quedan funcionan como pueden.

«Faltan medicinas básicas y personal sanitario; escasea la sangre para las transfusiones y muchos centros sanitarios han echado el cierre», ha detallado el director del hospital Saint Louis en Alepo, Georges Nasrallah, que funciona gracias a la Fundación AVSI y que está haciendo frente a la emergencia del terremoto. «Por suerte nuestro hospital sólo ha sufrido daños menores. Pero hemos tenido que interrumpir el trabajo ordinario para recibir a los heridos y tratar inmediatamente los casos más graves», ha explicado según recoge la página web de esta organización humanitaria. «Se trata de una hazaña titánica, en un país donde los médicos y enfermeras son ahora casi inexistentes (muchos han huido al extranjero desde los primeros años de la guerra) y donde el tratamiento es ahora un lujo», ha manifestado.

El Hospital Saint Louis de Alepo se suma a otros dos hospitales en Damasco que AVSI apoya a través del proyecto «Siria. Hospitales Abiertos» y que -según sus organizadores- hasta la fecha ha proporcionado más de 95.000 tratamientos gratuitos a sirios pobres.

La campaña Hospitales abiertos, promovida por la Nunciatura Apostólica en Damasco junto con la entonces organización del Vaticano, Cor Unum, y la Fundación Gemelli, tiene el objetivo de garantizar tratamiento gratuito a pacientes pobres en tres hospitales sirios sin ánimo de lucro a los que se añadieron 4 dispensarios farmaceúticos.