Yolanda Díaz ejerce su dictadura en el proyecto político de Sumar

Yolanda Díaz está calentando motores ante su I Asamblea de Sumar, que va a celebrar su formación el próximo 23 de marzo. No había tenido tiempo hasta ahora, al tenerse que agrupar deprisa y corriendo para poder presentarse a las elecciones generales del 23J, y poco después, ponerse a negociar el programa de Gobierno de coalición con Pedro Sánchez, y para remate las elecciones gallegas del 18-F y, mientras tanto, ejercer de vicepresidenta del Gobierno y ministra de Trabajo. Todavía no ha terminado porque ya tiene que prepararse para las elecciones europeas del 9 de junio.

Pero, por fin, su I Asamblea ya tiene fecha, y la líder ha elaborado su proyecto político de lo que quiere que sea el funcionamiento de la formación. Y lo más importante para ella, se ha asegurado el control de la formación política (el 70% de la dirección) y reducido la presencia de otras formaciones en su dirección a un 30% para el resto de las formaciones, en total seis, entre las que destacan IU, Más Madrid y los comuns, entre otras. Su diseño es crear una confederación de partidos, pero con la dirección bajo su control.

La cuota de poder que ofrece a las formaciones le suponen que sus propuestas saldrán con el 70% de los votos, vamos lo que ella diga, y el ‘caramelo’ para el resto de las formaciones será que formarán parte de un partido que gobierna en coalición y que aspira a ser la tercera fuera del país, de momento.

DÍAZ EXIGIRÁ ACUERDOS BILATERALES CON CADA FORMACIÓN QUE SE INTEGRE EN SUMAR

No obstante, en su proyecto aparece su segunda condición (tras del control de la dirección), que cada partido que forme parte de la confederación suscriba un acuerdo bilateral, a través del cual se garantiza también el control sobre las críticas que puedan surgir. Junto a los seis principales partidos que componen Sumar, también habrá las que llama en su documento organizativo las «disidencias ordenadas». Todo parece encaminar a que pretende que las divisiones y críticas no desgasten a Sumar, como le ha ocurrido a Podemos.

En la I Asamblea de Sumar se tendrán que aprobar todos los documentos y propuestas de Yolanda Díaz. Pero no será hasta el próximo otoño cuando se celebrará la Asamblea Constituyente con todo la estructura del partido en pleno funcionamiento. Estos seis meses serán como una prueba de rodaje, y las elecciones que se celebren (gallegas, vascas o europeas) un termómetro para las expectativas del partido.

La líder de Sumar ha tenido que ir moviendo las fichas del dominó a medida que iban surgiendo los problemas, escuchando las propuestas de sus socios de formación, como a Izquierda Unida, que exigió también formar parte de la dirección de Sumar. De esta forma ha sido cediendo, pero solo hasta el 30%, el poder total que aspiraba tener.

También pretende acabar con la confusión que se produce cada vez que cada partido pretende que sus siglas destaquen sobre las demás. Por ello, el proyecto fundacional concreta que la participación de los partidos en Sumar significa que no se trata de un partido político al uso, pero tampoco puede considerarse como una coalición de partidos.

Se trata de lo que en el texto se puede leer como «un nuevo sujeto político colectivo». Yolanda Díaz también ha definido Sumar como «un partido de nuevo cuño», que debe estructurarse «sobre un movimiento ciudadano», pero que al mismo tiempo «debe reconocer a los partidos políticos que comparten un horizonte del país».

Lo que les une a todos los partidos que forman parte de Sumar es que comparten el mismo «espacio progresista». Y estos partidos son, se precisa en el documento: Izquierda Unida, Catalunya en Comú, Más Madrid, Verdes Equo, Zurekin Nafarroa/Contigo Navarra e Iniciativa del Pueblo Andaluz.

CON LOS PARTIDOS DE LAS ‘DISIDENCIAS ORDENADAS’ LA RELACIÓN SERÁ DE COOPERACIÓN POLÍTICA

Quedan fuera, las llamadas «disidencias ordenadas», con las que comparte grupo parlamentario en el Congreso de los Diputados, como son Compromís, Més per Mallorca o Chinta Aragonesista. Según ha explicado Díaz, «no tenemos que pensar igual. Al revés, queremos disidencias intelectuales, culturales y políticas, pero queremos que sean disidencias ordenadas y cohesionadas». Es decir, evitar la experiencia de Podemos.

Todos estos partidos tendrán que firmar un acuerdo bilateral con Sumar, y el que no lo haga se quedará fuera. De esta forma, los seis primeros deberán ratificar con su firma que se involucran en la construcción de Sumar (incluida la incorporación a los órganos de dirección), o en su defecto, en la acción política. En el acuerdo bilateral deberán establecer todos «los sistemas de cooperación y funcionamiento en común», según figura en el documento.

En el caso de las ‘disidencias ordenadas’, el proyecto político concreta que su relación con Sumar será a través de la cooperación. El documento precisa sobre este aspecto que se fijará «la cooperación política entre Sumar y el resto de partidos del espacio que no hayan optado por la construcción organizativa del proyecto y que forman parte de la coalición electoral del 23J para tejer una relación más profunda mediante protocolos de colaboración y la apertura a la participación de las respectivas militancias en los procesos que se consideren de interés mutuo».

EL ‘GRUPO DE COORDINACIÓN’ SE ENCARGARÁ DE LA DIRECCIÓN Y ES DONDE ESTARÁ LA CÚPULA DEL PARTIDO

Por lo que respecta a la estructura interna del partido, el diseño de Yolanda Díaz prevé la Asamblea, como el órgano donde estarán todos los miembros (que pagan cuota) y que se celebrará cada cuatro años. En ella se elegirán desde los miembros de dirección hasta las propuestas ideológicas y programáticas que vayan surgiendo para adaptarse a los cambios del país y la sociedad.

El órgano de poder del partido será el «Grupo de Coordinación», que estará formado por 110 personas, de las que 76 (el 70%) pertenecen a Sumar, mientras que los 34 miembros restantes (el 30%) se repartirán entre los partidos políticos que forman parte de Sumar. Cada partido que forma parte de ese 30% tendrá que elegir a sus miembros para que les representen en la formación.

En su documento, Sumar establece distintos órganos de dirección. El máximo es la Asamblea, formada por todos los miembros de Sumar -inscritos que pagan cuota- que se celebra cada cuatro años como máximo. La dirección de Sumar, bautizada como «grupo de coordinación», está formada por un máximo de 110 personas, de los cuales un 70% (76 personas) debe pertenecer a Sumar, mientras el 30% restante se repartirá entre «los partidos políticos que formen parte del proyecto Sumar», y serán designados «bajo las fórmulas correspondientes a cada organización».

El grupo de coordinación se encargará de ratificar el grupo ejecutivo y de la coordinación general se encargará la propia Yolanda Díaz, como máxima representante de Sumar tanto a nivel político como institucional. Además, Díaz se reserva una cuota para otras formaciones en su ejecutiva, en la que habrá dos representantes por cada fuerza política.

Por último, el proyecto político de Sumar tiene previsto su despliegue territorial «completo» en los próximos meses. Según sus previsiones, a final de año tendrán que estar constituidas las «asambleas territoriales», que deberán colaborar con la dirección estatal, el grupo de coordinación. Durante estos meses, por tanto, se deberán activar los grupos territoriales en cada comunidad autónoma. Estas serían las bases mínimas de estructura como punto de partida a fin de que todos los que participen en la formación comiencen a aproximar posturas.