Delicia al horno: Rollito de calabacín y puerros gratinado con bechamel, receta fácil y exquisita

En los fogones de nuestras cocinas, a menudo surge la magia de la transformación de los ingredientes más sencillos en platos que son un verdadero festín para los sentidos. Hoy ponemos de manifiesto esta alquimia culinaria con una receta que, sin duda, enamorará a quienes buscan sabores tradicionales con un toque de creatividad: el rollito de calabacín y puerros gratinado con bechamel.

Este plato, un homenaje a la cocina de aprovechamiento, destaca por su versatilidad y sencillez, al tiempo que mantiene ese aura de sofisticación que todo gratinado porta. No solo es una opción saludable y ligera, sino que también es un plato perfectamente capaz de protagonizar los menús de cualquier mesa festiva, o simplemente, ser la excusa perfecta para un almuerzo entre semana fuera de lo común.

UNA DELICIA CON HISTORIA: GRATINADO AL PODER

UNA DELICIA CON HISTORIA: GRATINADO AL PODER

La técnica del gratinado hunde sus raíces en la gastronomía francesa, convirtiéndose en sinónimo de una culminación dorada y crujiente que puede elevar al rango de arte cualquier preparación. Incorporándose al amplio abanico de la cocina mediterránea, el gratinado nos regala esa textura única que confiere una experiencia gustativa inolvidable. Es esa costra dorada y crujiente la que sella la promesa de un interior suave y lleno de sabor.

Los ingredientes de nuestro rollito no son ajenos a nuestra rica dieta mediterránea. Tanto el calabacín como el puerro, verduras de temporada con raigambre en la agricultura local, aportan una base humilde pero tremendamente gustosa. Al combinarse con una salsa bechamel suave y untuosa, que viste de gala las verduras, nos encontramos ante un plato principal o acompañamiento que satisface tanto a niños como a adultos.

Pero no solo el sabor importa, también la estética. Al gratinar nuestros rollitos, estos se transforman en una obra de arte comestible. La capa superior, dorada y burbujeante bajo el grill del horno, invita a ser quebrada para descubrir el tierno corazón vegetal, hábilmente enrollado, que yace en su interior. El contraste de la superficie dorada y crujiente con el núcleo suave y cremoso es, sin duda, el secreto de su éxito.