La discusión sobre la participación de menores en espectáculos taurinos ha cobrado importancia en diversas ciudades de España, incluyendo Bilbao. Recientemente, se ha levantado la voz sobre los riesgos que esta práctica implica para el bienestar de la infancia, sobre todo en un contexto donde el Gobierno local se presenta como un defensor de los Derechos de los Niños. Es crucial reflexionar sobre la ética y la responsabilidad que tienen las instituciones al permitir que los más jóvenes sean testigos de actos que implican violencia hacia los animales. Esta colisión entre el entretenimiento y la protección infantil merece un análisis profundo y cuidadoso.
La Fundación Franz Weber ha expresado su preocupación sobre la inacción del alcalde, Juan María Aburto, frente a esta cuestión. En su declaración, han señalado la contradicción inherente en que Bilbao ostente el título de «Ciudad Amiga de la Infancia», mientras simultáneamente permite actividades que expongan a los menores a la violencia. En este sentido, la fundación ha llamado a una respuesta proactiva por parte del Gobierno local, lo cual implica un cuestionamiento de las políticas que permiten la asistencia de menores a corridas de toros y otros eventos similares. Este fenómeno, lejos de ser un simple debate sobre tradiciones culturales, se convierte en un tema de vital importancia en la defensa de los derechos de la infancia.
RECHAZO A LA VIOLENCIA EN FESTEJOS TRADICIONALES
La presencia de menores en corridas de toros, como se evidencia en las fiestas de Aste Nagusia, ha levantado una alarmante preocupación entre los defensores de la infancia y los derechos de los animales. La Fundación Franz Weber ha documentado que, en eventos recientes, se ha permitido el acceso de niños al espectáculo taurino, lo que pone de relieve la necesidad de cuestionar las prácticas culturales cuando estas pueden, potencialmente, afectar el desarrollo moral y emocional de los más jóvenes. Permitir que los niños sean testigos de escenas que normalizan la violencia no solo es preocupante, sino que también contradice los principios que deberían guiar a una sociedad que se dice protectora de los derechos humanos.
Además, es importante considerar las implicaciones que tiene la exposición a estos eventos en la percepción que tienen los niños sobre la vida y los animales. La violencia a la que se enfrentan en un contexto de fiesta podría desensibilizarlos ante situaciones similares en la vida real, lo que plantea interrogantes sobre el tipo de valores que se están inculcando. ¿.
Por otro lado, las iniciativas propuestas por el Ayuntamiento, como facilitar descuentos para que los menores asistan a estos eventos, son medidas inquietantes. El hecho de que se incentive económica y socialmente su participación en actividades que, en esencia, contradicen los derechos fundamentales de los niños refleja un profundo desinterés por su bienestar. La colaboración de entidades públicas en la promoción de la violencia, aunque de manera indirecta, muestra una falta de sensibilidad hacia las recomendaciones de organismos internacionales que ya han indicado que los menores deben ser alejados de estos espectáculos. Esta realidad nos lleva a cuestionar qué valores realmente se están promoviendo por parte de nuestros gobernantes y si están dispuestos a revaluar sus decisiones en función de la protección infantil.
EL PAPEL DEL GOBIERNO LOCAL EN LA PROTECCIÓN INFANTIL
La función del Gobierno local no debe limitarse a la mera organización de fiestas y eventos, sino que debe extenderse hacia la protección y el fomento de un entorno seguro para todos, especialmente para los más vulnerables, como son los niños. La contradicción entre la declaración de Bilbao como ‘Ciudad Amiga de la Infancia’ y la permisividad ante actividades que exponen a los menores a la violencia suscita una argumentación legítima sobre la coherencia de sus políticas y acciones. Aquellos responsables de la toma de decisiones deben asumir la responsabilidad de crear un entorno donde los derechos de los niños sean verdaderamente respetados y promovidos.
Es esencial que las autoridades se pregunten: ¿qué mensajes están enviando a la sociedad al permitir la asistencia de jóvenes a corridas de toros? Las respuestas a estas preguntas son cruciales no solo para la imagen del Gobierno local, sino para la conciencia colectiva sobre el respeto hacia los animales y la necesidad de cuidar el desarrollo emocional e intelectual de los menores. Si es cierto que Bilbao desea mantener su estatus como una ciudad que abraza y promueve los derechos de la infancia, las decisiones futuras deben ser congruentes con este objetivo fundamental.
Además, el debate sobre la presencia de menores en corridas de toros no es solo una cuestión local; forma parte de un diálogo más amplio que debe tener lugar a nivel nacional e internacional. La presión de organizaciones que defienden los derechos de los animales y de la infancia es cada vez más fuerte, y es responsabilidad de las autoridades responder a estas preocupaciones de manera efectiva. Proporcionar espacios de discusión, educación y reflexión sobre este tema puede ser un primer paso hacia la creación de normativas que protejan a los menores de situaciones potencialmente perjudiciales. La lucha por un entorno más saludable y seguro para todos los ciudadanos, especialmente para los niños, debe ser una prioridad ineludible en la agenda de cualquier gobierno.