La decisión de secuestrar y asesinar al joven concejal del PP Miguel Ángel Blanco en julio de 1997 fue una orden que emanó directamente de la cúpula de ETA, según testimonios de dos antiguos miembros de la organización terrorista que ahora son testigos protegidos. Esta información, que se conoció recientemente, arroja luz sobre la estructura de poder y la toma de decisiones dentro de ETA.
Los dos testigos relataron que la organización terrorista tenía una estructura jerárquica muy definida, donde los comandos solo tenían autonomía para ejecutar ataques contra policías, militares y guardias civiles. Sin embargo, para la eliminación de otros objetivos, como políticos, jueces y fiscales, la decisión debía ser tomada por el Comando Ejecutivo o Zuba de ETA.
El poder de la cúpula y la falta de autonomía
Los testimonios revelan que la cúpula de ETA tenía un poder absoluto sobre las acciones de sus miembros, y que no había espacio para la disidencia o la crítica. Los testigos explicaron que cualquier miembro que se negara a acatar una orden sería enviado a otro país, normalmente pasando primero por Francia, su «santuario», y luego hacia América Latina. La presión para cumplir las órdenes era tan fuerte que no se permitía ser crítico con las decisiones de la cúpula.
Los dos testigos no tuvieron conocimiento directo del atentado contra Miguel Ángel Blanco, ya que uno estaba en prisión y el otro, aunque seguía en activo, no formó parte del comando. Sin embargo, ambos aseguraron que la orden de secuestrar y asesinar a Blanco solo pudo haber emanado de la cúpula de ETA, y que solo esta última podía haber impedido el atentado.
La responsabilidad de la cúpula de ETA
El caso de Miguel Ángel Blanco es un ejemplo de la crueldad y la falta de humanidad de ETA, y de cómo la cúpula de la organización se erigía como la autoridad máxima, responsable de tomar decisiones que afectaban a la vida y la muerte de otras personas. La decisión de ejecutar a Blanco fue una muestra de la arbitrariedad y la violencia con la que actuaba ETA, y de cómo la cúpula de la organización tenía el poder de decidir quién vivía y quién moría.
Estos testimonios aportan información crucial para comprender cómo funcionaba la estructura de poder de ETA y cómo se tomaban decisiones que afectaron a la sociedad española durante décadas. La investigación sobre el caso de Miguel Ángel Blanco continúa, y se espera que estos testimonios contribuyan a esclarecer las responsabilidades de los líderes de ETA en el asesinato del concejal del PP.






