La cebolla no solo da sabor a la cocina, también guarda un sinfín de beneficios que la ciencia ha ido confirmando con el paso del tiempo. Presente en casi todos los hogares, este humilde bulbo se cuela en guisos, ensaladas o sofritos sin que muchas veces se valore todo lo que aporta. Más allá de ser un acompañamiento infalible puede convertirse en una auténtica aliada para la salud del corazón, del sistema digestivo y del bienestar general, según ha explicado la cardióloga y divulgadora Magdalena Perelló.
La especialista, con miles de seguidores en redes sociales, destaca que los efectos de este alimento van mucho más allá del sabor. Entre sus propiedades más relevantes se encuentra su capacidad para bajar la presión arterial, reducir el colesterol y combatir la inflamación. Todo esto, gracias a la quercetina, un antioxidante natural que convierte a este alimento en un auténtico “superhéroe” nutricional.
2Un escudo natural contra la inflamación y los resfriados
Además de su efecto sobre la presión arterial, la cebolla destaca por su poder antiinflamatorio. La quercetina, su componente estrella, actúa como un escudo que protege al organismo del daño oxidativo y reduce la inflamación en las células. Es por eso que muchas personas recurren a la cebolla, junto al jengibre o al ajo, durante los resfriados, ya que ayuda a aliviar la congestión y a mejorar la respiración gracias a su efecto broncodilatador natural.
El propio Instituto Nacional de Cáncer de Estados Unidos ha descrito los broncodilatadores como sustancias que abren las vías respiratorias pequeñas de los pulmones. En ese sentido, la cebolla cumple un papel similar de forma natural, favoreciendo la entrada de aire y ayudando al cuerpo a recuperarse de procesos virales. No es casualidad que las recetas tradicionales de caldo o sopas para el resfriado siempre la incluyan.






