El hierro suele asociarse de inmediato con la fuerza y la resistencia, pero cuando hablamos de salud ósea también conviene mirar más allá del mineral en sí y comprender cómo una buena alimentación sostiene cada estructura del cuerpo. El hierro aparece en numerosas conversaciones nutricionales por su papel en la energía y la oxigenación, aunque muchas veces se olvida que, junto con otros minerales, forma parte de un engranaje que mantiene los huesos estables y resistentes. En este contexto, los frutos secos, tan cotidianos y aparentemente simples, vuelven a cobrar protagonismo gracias a su capacidad de aportar nutrientes esenciales de manera constante.
Cuando expertos como Mónica Acha explican cómo ciertos alimentos ayudan a reforzar la estructura ósea, queda claro que el hierro no actúa en solitario. La prevención de problemas como la osteoporosis exige una mirada integral que incluya calcio, fósforo, magnesio y una correcta absorción de estos elementos. Las recomendaciones actuales de nutricionistas apuntan hacia combinaciones de alimentos que, consumidos con equilibrio, refuerzan los huesos sin necesidad de recurrir a suplementos innecesarios, y ahí es donde los frutos secos vuelven a destacar.
2Unos frutos secos pequeños pero poderosos pueden ser los mejores aliados
La recomendación de consumir unos 30 gramos diarios de almendras o avellanas no es casual. Estos frutos secos ofrecen una combinación equilibrada de calcio, fósforo y magnesio, una tríada fundamental para fijar el calcio en el hueso. Aunque a menudo se hable del hierro cuando se mencionan los beneficios de los frutos secos, no conviene olvidar esta mezcla de nutrientes que crea un entorno ideal para mantener la densidad ósea, especialmente en mujeres después de la menopausia, cuando la pérdida de masa ósea se acelera.
Además de los minerales, estos frutos secos aportan fibra y vitamina E, lo que los convierte en un alimento doblemente interesante: fortalecen los huesos y cuidan la salud metabólica. Sumados a una dieta equilibrada, tienen un impacto real en la prevención de enfermedades óseas sin necesidad de grandes cambios, tan solo pequeñas incorporaciones cotidianas que terminan marcando una diferencia notable.






