Pamplona tiene una relación tan estrecha con su tierra que cada plato parece contar una historia distinta. La ciudad se ha convertido en un punto de referencia gastronómica dentro de Navarra gracias a esa mezcla tan suya entre tradición y vanguardia, una dualidad que se percibe en los mercados, en los bares de pintxos y en los restaurantes que honran la riqueza de la huerta navarra. En Pamplona la cocina no es solo un oficio, sino una forma de entender el territorio, de celebrar cada estación y de preservar una identidad que se alimenta de alcachofas, borrajas, espárragos y pimientos que marcan el ritmo del año.
Además, hay una facilidad enorme para ir caminando y encontrar mesas que cuentan historias gastronómicas, lo que se suma al espíritu creativo de una ciudad que no renuncia a la innovación. Los vinos navarros, todavía desconocidos para muchos amantes del enoturismo, acompañan una gastronomía que se respira en cada esquina. Entre propuestas populares y proyectos de autor, Pamplona se consolida como un destino culinario que merece cada kilómetro recorrido, y por eso hoy te vamos a hablar de 3 lugares que te ofrecen una experiencia completa y te encantarán.
1Zurita, Barra y Mantel
En pleno corazón de Pamplona, justo en la mítica calle Estafeta 24, Zurita, Barra y Mantel se ha consolidado como un templo donde el pintxo y el guiso tradicional se elevan sin perder su esencia. Es un espacio en el que la barra y el comedor reciben el mismo mimo y donde el mercado es ley, algo que se nota en platos que celebran los productos que han hecho grande a Navarra. Tomates feos y cogollos de Tudela, borraja, espárragos o huevos de corral dan forma a recetas que respetan el sabor de siempre con una interpretación actual que no resulta forzada.
La carta es un homenaje a la cocina de raíces, con propuestas que van desde unas pochas con borraja y almejas hasta unos callos guisados a la manera tradicional, sin olvidar el canelón de carrillera ibérica, la lubina a la brasa o un rabo de vaca guisado que resume la filosofía del lugar. Al frente está Leandro Gil, el cocinero tudelano que ha sabido transformar la huerta en un discurso culinario que se entiende incluso sin decir una palabra. En Pamplona, pocos lugares explican tan bien la importancia del producto local.






