Pamplona tiene una relación tan estrecha con su tierra que cada plato parece contar una historia distinta. La ciudad se ha convertido en un punto de referencia gastronómica dentro de Navarra gracias a esa mezcla tan suya entre tradición y vanguardia, una dualidad que se percibe en los mercados, en los bares de pintxos y en los restaurantes que honran la riqueza de la huerta navarra. En Pamplona la cocina no es solo un oficio, sino una forma de entender el territorio, de celebrar cada estación y de preservar una identidad que se alimenta de alcachofas, borrajas, espárragos y pimientos que marcan el ritmo del año.
Además, hay una facilidad enorme para ir caminando y encontrar mesas que cuentan historias gastronómicas, lo que se suma al espíritu creativo de una ciudad que no renuncia a la innovación. Los vinos navarros, todavía desconocidos para muchos amantes del enoturismo, acompañan una gastronomía que se respira en cada esquina. Entre propuestas populares y proyectos de autor, Pamplona se consolida como un destino culinario que merece cada kilómetro recorrido, y por eso hoy te vamos a hablar de 3 lugares que te ofrecen una experiencia completa y te encantarán.
2El Merca’o de Pamplona
En otra esquina emblemática de Pamplona, junto al Mercado del Ensanche, El Merca’o ofrece una propuesta completamente distinta sin renunciar a la identidad navarra. Propiedad de la familia Idoate y reconocido con un Bib Gourmand por la Guía Michelin, este restaurante fusiona influencias mediterráneas y latinas con una mirada a la cocina oriental, creando una carta que se mueve con soltura entre tradición y vanguardia. Jorge Otxoa ha conseguido un equilibrio complejo, logrando que cada plato respire cercanía y creatividad en igual medida.
Su cocina se mueve entre los puerros templados con vinagreta de anchoas y las propuestas más atrevidas, como los udon salteados al wok, el arroz de kokotxas con shiitake o los tacos de alitas picantes. Es un lugar que refleja muy bien otra cara de Pamplona, esa que se abre al mundo sin renunciar a su propio carácter. El resultado es un espacio dinámico, coherente y apetecible, que invita a descubrir sabores familiares desde otra perspectiva.






