La depresión se ha explicado durante años como un problema químico que habitaba en un cerebro supuestamente falto de serotonina. Ese relato, repetido como un mantra por profesionales, medios y campañas farmacéuticas, ha calado tan hondo que hoy cuesta imaginar otra forma de entender la salud mental. Sin embargo, cuando una voz respetada en la psiquiatría internacional cuestiona esa base y pide revisar aquello que damos por hecho, el debate se abre con fuerza, y eso es precisamente lo que está ocurriendo con las declaraciones de Joanna Moncrieff, una de las figuras más críticas del modelo biomédico clásico.
En su análisis, la depresión aparece como un fenómeno mucho más complejo que un simple desajuste molecular, un matiz que puede cambiarlo todo. Su investigación, recogida en su libro ‘El mito de los antidepresivos’, desmonta la idea de que la serotonina tenga la última palabra. Moncrieff propone volver a mirar la depresión desde una perspectiva más amplia, más humana y menos reducida a un único mecanismo biológico.
1Un mito que marcó décadas de psiquiatría
Durante más de medio siglo, la narrativa científica dominante insistió en que la depresión era el resultado directo de un desequilibrio químico, concretamente de una carencia de serotonina. Esa teoría, que nació como una simple hipótesis provisional, terminó convertida en un dogma que nadie se atrevía a cuestionar. Moncrieff explica que no existen pruebas convincentes que confirmen esa anomalía en el funcionamiento de la serotonina, algo que sorprende cuando se piensa en la cantidad de veces que se ha dado por hecho que estaba demostrada.
La psiquiatra invita a desmontar esa construcción que ha moldeado diagnósticos, tratamientos y decisiones clínicas durante años. Para ella, el problema de asumir que la depresión es un fallo biológico es que se deja fuera todo lo que no encaja en esa explicación. Su libro no niega el sufrimiento ni la necesidad de atención, sino que plantea la importancia de preguntarse si la historia que nos han contado simplifica en exceso una realidad que tiene raíces personales, sociales, emocionales y culturales.






