El estrés laboral se ha convertido en una sombra que sigue a millones de personas incluso cuando salen de la oficina. El estrés laboral aparece temprano, en mitad de la mañana, cuando las tareas se acumulan, o más tarde, cuando el día ya pesa y la mente se queda sin aire. Y aunque siempre nos han dicho que el cuerpo desarrolló este mecanismo para protegernos, parece que en algún punto perdimos la brújula. Vivimos como si todo fuera urgente, como si algo muy grande dependiera de cada correo o cada entrega.
Aun así, cuesta creer que en una sociedad que habla tanto de bienestar haya tanta gente agotada. Los números lo confirman y, por mucho que intentemos mirar hacia otro lado, el estrés laboral está ya instalado en la vida de 1,5 de cada 4 españoles, y no como una sensación difusa, sino como un impacto real que el trabajo tiene en nuestra salud. Los expertos lo describen como una presión que se cuela en todo, desde la forma de dormir y de comer, hasta la forma de relacionarnos.
2Consecuencias que se sienten en todo el cuerpo
El estrés laboral no se queda en la oficina, se mete en los huesos, en la cabeza, en el ánimo, y algunos expertos hablan de irritabilidad, dificultades para descansar, ansiedad, dolores musculares, problemas gastrointestinales, agotamiento emocional. La lista es larga y, lejos de sonar exagerada, coincide con lo que miles de trabajadores describen cada día. A veces ese límite llega en forma de depresión, otras como ansiedad, otras como una falta total de motivación.
Las mujeres, además, cargan con una parte desproporcionada del problema. Entre desigualdad salarial, mayores responsabilidades en el hogar, dinámicas machistas y una conciliación que sigue siendo complicada, el estrés laboral se duplica. Ellas aparecen siempre en las estadísticas como las más afectadas y también como las que más silencian su propio malestar para sostenerlo todo. Los hombres tampoco se libran, aunque muchos lo esconden por educación, por vergüenza o porque nunca se les enseñó a hablar de cómo se sienten.






