Los gatos se convierten en un tema recurrente cada otoño porque, aunque uno adore su compañía, es normal notar que los síntomas de alergia se intensifican justo cuando baja la temperatura y las casas empiezan a mantenerse más cerradas. Estas mascotas siguen con su rutina habitual, se pasean por cada rincón y, sin quererlo, van dejando en el ambiente partículas que se mezclan con el polvo y los ácaros que se acumulan con más facilidad en esta época del año. La convivencia sigue siendo igual de tierna, pero el cuerpo de quienes son sensibles lo nota enseguida.
Además, los gatos no solo conviven en nuestros espacios, sino que también transportan alérgenos producidos por ellos mismos y por el entorno. La famosa proteína Fel d 1, responsable de la mayoría de las reacciones alérgicas, está presente en la saliva y se esparce cuando ellos se acicalan, algo que hacen constantemente. Esa mezcla entre el clima otoñal, las ventanas cerradas y la biología natural de los gatos crea el escenario perfecto para que la alergia aparezca con más fuerza y empiece a incomodar el día a día.
1Por qué los gatos generan más alergia en otoño
Cuando llega el frío, las casas se cierran mucho más y el aire circula menos, así que los gatos se mueven en un ambiente que retiene polvo, humedad y partículas suspendidas. Todo eso queda atrapado en su pelaje y se suma al alérgeno que ellos mismos producen, lo que aumenta la exposición aunque no nos demos cuenta. Es un proceso silencioso, casi inevitable, pero totalmente comprensible cuando se entiende cómo funciona el aire dentro de un hogar en otoño.
La veterinaria Sònia Sáez explica que los gatos producen Fel d 1 independientemente de su raza, edad o tipo de pelo, y que incluso un gato que suelte poco pelo puede generar alergia igual. Lo único que puede variar la cantidad es el sexo del animal, ya que los machos no castrados suelen liberar niveles más altos. Pero al final, en cualquier caso, los gatos seguirán siendo fuente de exposición y el ambiente otoñal lo potencia todo un poco más.






