La avena lleva años posicionándose como uno de esos alimentos discretos pero tremendamente valiosos, especialmente cuando se convierte en la base del desayuno. La avena encaja bien en cualquier etapa de la vida, pero según explica el Dr. Alberto Sanagustín, adquiere un peso aún mayor después de los 60, cuando el cuerpo empieza a necesitar más estabilidad energética y un mayor apoyo cardiovascular. La avena, combinada con nueces, se transforma en un dúo capaz de sostener las mañanas sin altibajos y sin esa sensación de cansancio que tantas personas asocian a la edad y no siempre a la alimentación.
Además, la avena tiene la capacidad de nutrir sin resultar pesada, algo que el doctor recalca al hablar de su fibra, su aporte proteico y su perfil de carbohidratos de absorción lenta. Con las nueces como complemento, la mezcla suma grasas saludables que ayudan al corazón, al cerebro y a esa claridad mental que tantas veces se siente difusa pasado cierto umbral de edad. Y aunque es un desayuno sencillo, su impacto puede ser profundo, siempre que se consuma de forma regular y sin añadir azúcares que resten beneficios.
3La avena como aliada del peso, la saciedad y el cerebro
Otro punto clave del video es la saciedad. La avena mantiene el hambre a raya durante varias horas, algo que ayuda a evitar picoteos constantes y favorece un mejor control del peso. Después de los 60, cuando el metabolismo se vuelve más lento, esta estabilidad es fundamental para no cargar al cuerpo con calorías innecesarias que pueden alterar la presión arterial o la salud general. La combinación con nueces potencia este efecto porque sus grasas saludables prolongan aún más la sensación de satisfacción.
El doctor también menciona cómo la avena contribuye a una mayor claridad mental. Su aporte de carbohidratos lentos alimenta el cerebro de manera continua sin generar picos que entorpecen la concentración. A esto se suman los compuestos de las nueces, que tienen un papel reconocido en la salud cognitiva. Lo único que recomienda vigilar son los endulzantes innecesarios y, para quienes usan anticoagulantes, la consulta médica por el contenido de vitamina K de las nueces. Porque incluso en algo tan sencillo como un tazón de avena diario, el detalle importa y el cuerpo lo agradece.







