El tipo de ejercicio que mejora el estado de ánimo más que correr o levantar pesas

A veces no basta solo con correr más rápido ni con levantar más peso para sentirnos mejor, pues aunque el ejercicio si levanta el estado de ánimo según estudios, el que lo hace no es el más intenso, sino aquel que combina movimiento suave, respiración y calma mental, y que logra equilibrarnos por dentro cuando la vida va demasiado deprisa.

El estado de ánimo se ha convertido en uno de los grandes termómetros de nuestra vida diaria, casi tan relevante como la alimentación o el sueño. Cada vez más personas buscan en el ejercicio físico algo más que fuerza o resistencia, quieren una vía que les ayude a equilibrar tensiones, liberar la mente y reconectar con el cuerpo. Y aunque correr y levantar pesas siguen siendo prácticas muy populares, distintas investigaciones apuntan a que no son las que generan el mayor impacto emocional. Hay un tipo de actividad que, por su combinación de movimiento, respiración y atención plena, logra elevar el estado de ánimo de una manera más profunda y sostenida.

En los últimos años, esta idea ha ido ganando respaldo entre médicos, psicólogos y entrenadores. Se ha visto que los entrenamientos que integran concentración y ritmo corporal ayudan a regular mejor el estrés que los ejercicios puramente físicos. Por eso cada vez más especialistas recomiendan explorar alternativas que buscan la mente tanto como el músculo. Y dentro de ese grupo, uno sobresale por encima del resto por su capacidad para transformar no solo el cuerpo, sino también el estado de ánimo.

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Un impacto que trasciende lo físico

“Las actividades que van más allá del rendimiento deportivo ayudan más”. Fuente: Freepik

Los beneficios de estas actividades van más allá del rendimiento deportivo. Muchas personas encuentran que, al dedicar unos minutos a este tipo de ejercicio, su estado de ánimo se vuelve más estable incluso en días complicados. La práctica regular mejora la conexión entre cuerpo y mente, un aspecto que a menudo se pasa por alto en las rutinas tradicionales. Esa sensación de equilibrio se traduce en mayor paciencia, mejor gestión del estrés y una capacidad más fuerte para afrontar situaciones cotidianas.

Además, estos ejercicios fomentan la constancia porque resultan agradables y no exigen un desgaste excesivo. Son prácticas que invitan a regresar cada día, no por obligación, sino porque el cuerpo las pide. Y cuando ese hábito se consolida, el estado de ánimo se transforma de forma natural. No es una solución rápida, pero sí una muy efectiva para quienes buscan bienestar desde un enfoque amplio, donde el movimiento se convierte en un puente hacia una vida más serena y consciente.

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