El insomnio se ha convertido en una de las sombras más persistentes de la vida moderna. Lo que antes era un síntoma ocasional hoy es casi una epidemia silenciosa que atraviesa edades, profesiones y estilos de vida. Dormir profundamente se ha vuelto un privilegio raro, una especie de lujo biológico que muchos ya no alcanzan. En un contexto dominado por pantallas, estrés y un cerebro que no logra desconectarse, las horas de sueño se vuelven un campo de batalla entre la fatiga y la hiperactividad mental.
Tony Espigares, coach y experto en meditación, lanza una reflexión que desarma la idea de que el insomnio se soluciona con métodos sofisticados o fórmulas milagrosas. Su planteamiento es casi contracultural: “no se soluciona a base de técnicas, sino con una mayor consciencia”. Porque más allá de contar ovejas o probar el último té relajante, el verdadero descanso empieza cuando el cuerpo deja de vivir en modo supervivencia y el cerebro, por fin, se siente a salvo para bajar la guardia.
2La rutina puede ser la medicina invisible del insomnio
El coach propone que el insomnio se combate educando al sistema nervioso, señalando que “El cerebro aprende por repetición”. Por eso, instaurar una rutina, como apagar pantallas, respirar y agradecer, no es un ritual vacío, sino una instrucción biológica. Repetir los mismos pasos cada noche enseña al cuerpo que ha llegado el momento de soltar. Sin esa secuencia, el cerebro se desorienta; con ella, se regula la melatonina y los ritmos circadianos.
Más que una cuestión de disciplina, se trata de coherencia interna, porque dormir bien es también una forma de comunicación entre el cuerpo y la mente, un lenguaje que solo se aprende con constancia. En ese sentido, Espigares recuerda que el insomnio no se cura con fuerza de voluntad, sino con señales coherentes: “Si cada noche haces lo mismo, el cuerpo lo asocia con descanso. Es como decirle al cerebro: ahora toca apagar la luz por dentro”.

