Tu PlayStation te está robando 30 euros de luz al año sin que juegues: apaga este modo «vampiro» que viene activado por defecto

Tu factura eléctrica sufre un goteo constante por una función de "comodidad" que apenas utilizas y que puedes desactivar en menos de un minuto.

Si tienes una PlayStation 5 en el salón, es muy probable que estés pagando un «peaje» mensual a la compañía eléctrica sin darte cuenta. La consola de Sony llega a nuestras manos configurada para priorizar la velocidad de arranque sobre la eficiencia, generando un gasto silencioso e innecesario que se acumula día tras día. Este consumo fantasma ocurre mientras tú duermes, trabajas o simplemente ves la televisión, y la mayoría de usuarios jamás llega a sospechar que su dispositivo sigue trabajando en la sombra.

El culpable tiene nombre y apellidos: el famoso «Modo Reposo», una característica diseñada para retomar tus partidas al instante y descargar actualizaciones en segundo plano. Aunque suena práctico, esta configuración predeterminada de fábrica mantiene a la máquina en un estado de letargo activo que, sumado a funciones periféricas como la alimentación de puertos USB, puede inflar tu recibo de la luz anual en cifras que rondan los 30 euros si no se gestiona correctamente.

PLAYSTATION: EL VAMPIRO ENERGÉTICO QUE DUERME EN TU SALÓN

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A diferencia de las consolas de hace dos décadas, que simplemente se apagaban, las máquinas de nueva generación funcionan más como servidores que como juguetes. Cuando pulsas el botón de apagado en el mando y ves esa luz naranja, la consola no se desconecta; entra en un estado de alerta permanente y silenciosa conocido técnicamente como standby. En este modo, la PS5 sigue conectada a internet, comprobando si hay parches para tus juegos, subiendo partidas a la nube o esperando una orden de encendido remoto desde tu móvil.

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Los datos técnicos son reveladores: mientras que una consola totalmente apagada tiene un consumo residual insignificante (menos de 0,5 vatios), el modo reposo mal configurado puede multiplicar esa cifra exponencialmente. Si sumamos las horas inactivas del año —que son la inmensa mayoría—, este drenaje constante de energía puede suponer entre 50 y 100 kWh anuales adicionales, dependiendo de si la consola activa sus ventiladores para descargar un juego pesado de 100 GB mientras nadie la mira.

El impacto en tu bolsillo es directo, especialmente con las tarifas eléctricas fluctuantes que hemos vivido recientemente en España. Esos «pocos vatios» se traducen en unos 30 euros al año que literalmente estás tirando a la basura por ahorrarte apenas diez segundos en el arranque del sistema, un coste que ningún jugador debería asumir si no utiliza diariamente las funciones de descarga remota. Es un lujo invisible que pagas a precio de oro.

CÓMO DETENER LA SANGRÍA ELÉCTRICA PASO A PASO

La buena noticia es que Sony permite modificar este comportamiento, aunque la opción no está tan visible como debería para el usuario promedio. Para cerrar el grifo, debes encender tu consola y navegar hasta los ajustes (el icono del engranaje en la esquina superior derecha), entrar en la sección «Sistema» y buscar la pestaña «Ahorro de energía». Aquí es donde tomamos el control real de la máquina y dejamos de operar bajo las condiciones predeterminadas del fabricante.

Dentro de este menú, encontrarás la opción crítica: «Establecer funciones disponibles en modo reposo». Tienes dos caminos: desactivar el modo reposo por completo para que la consola se apague de verdad (recomendado para máximo ahorro) o personalizar qué funciones permites para reducir el consumo al mínimo indispensable. Si optas por lo segundo, asegúrate de desactivar la conexión a internet en reposo si no tienes pensado descargar nada esa noche.

El cambio es inmediato. Al seleccionar «Apagar la consola» en lugar de «Entrar en modo reposo» al terminar tu sesión, garantizas un corte total del suministro en los componentes principales. Tu PS5 tardará unos segundos más en arrancar la próxima vez, mostrando el logo de Sony y la advertencia de salud, pero a cambio habrás eliminado uno de los electrodomésticos «vampiro» más voraces de tu hogar.

LOS CÓMPLICES OCULTOS: USB Y HDMI-CEC

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El modo reposo no actúa solo; tiene aliados que empeoran la eficiencia energética sin que lo sepas. Uno de los ajustes más ineficientes es la alimentación perpetua de los USB, que por defecto viene configurada para suministrar energía a los mandos DualSense «siempre» o durante tres horas después de apagar la consola. Si tienes la costumbre de dejar el cable conectado sin el mando, o con el mando ya cargado, la consola seguirá «empujando» energía inútilmente hacia esos puertos.

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Otro factor que dispara el consumo es la función HDMI-CEC, que permite que tu televisión encienda la consola y viceversa. Aunque es muy cómodo, a veces provoca encendidos accidentales: apagas la tele, pero la consola se queda en ese limbo de «semi-actividad», o al revés, enciendes la tele para ver las noticias y la PS5 se despierta, iniciando un ciclo de gasto innecesario y calentamiento de componentes sin que vayas a jugar ni un solo minuto.

Para blindar tu ahorro, configura la alimentación de los puertos USB a «Desactivada» o «3 horas» y asegúrate de que tus descargas automáticas solo se activen cuando tú lo decidas. Es vital revisar estas opciones tras cada actualización importante del firmware, ya que a veces las compañías restablecen los valores originales sin avisar, volviendo a activar todas las características que consumen luz por defecto.

LA ESTRATEGIA DE SONY Y TU RESPONSABILIDAD

Es legítimo preguntarse por qué una empresa tecnológica diseñaría un producto que gasta luz por defecto. La respuesta reside en la experiencia de usuario: Sony, al igual que sus competidores, prioriza la sensación de inmediatez y fluidez, vendiendo la idea de que la nueva generación no tiene tiempos de carga. Sin embargo, esta filosofía de «siempre listo» choca frontalmente con la necesidad actual de eficiencia energética y sostenibilidad doméstica.

El problema no es individual, sino colectivo. Si multiplicamos esos pequeños vatios desperdiciados por los más de 50 millones de consolas vendidas en todo el mundo, estamos hablando de una cantidad gigantesca de energía que se genera para alimentar máquinas que nadie está usando. Es un caso de libro de lo que se conoce como consumo en espera o carga fantasma, un fenómeno que las regulaciones europeas intentan limitar cada vez más en los nuevos electrodomésticos.

Al final, la decisión está en tu mano. Puedes seguir pagando esos 30 euros extra al año por la comodidad de que tu juego esté suspendido exactamente donde lo dejaste, o puedes invertir ese dinero en un juego nuevo o una suscripción, simplemente apagando la consola de verdad. Es un gesto pequeño, pero cuando tomas el control de tus aparatos, pasas de ser un consumidor pasivo a un usuario inteligente y eficiente.

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