La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses ha desatado un terremoto diplomático cuyas Reacciones en Latinoamérica y España al ataque a Venezuela están redefiniendo las alianzas occidentales en tiempo real. Este movimiento unilateral de Washington no solo descabeza al chavismo, sino que obliga a Madrid y a las capitales latinas a tomar partido en un escenario de altísimo riesgo antes de que caiga la noche. Lo más inquietante no es el estruendo de las declaraciones públicas, sino la propuesta desesperada que acaba de lanzar el gobierno español para evitar un vacío de poder caótico.
Mientras Milei celebra eufórico el fin del régimen y Petro advierte sobre la violación de soberanía, España intenta desesperadamente activar una vía diplomática que parece haber quedado obsoleta. Analizamos cómo la operación de Trump ha fracturado el bloque iberoamericano en cuestión de horas.
El amanecer de este 3 de enero de 2026 será recordado como el momento en que la geopolítica regional saltó por los aires, dejando a los diplomáticos sin manual de instrucciones. Resulta evidente que el factor sorpresa ha paralizado la capacidad de respuesta de la mayoría de los gobiernos, que oscilan ahora entre la condena a la intervención militar extranjera y el alivio disimulado por el fin de un estancamiento político crónico. En los pasillos de Bruselas y la OEA se respira una mezcla tóxica de incertidumbre y miedo a que la violencia se desborde más allá de las fronteras venezolanas.
España, por su papel histórico de puente, se encuentra en la posición más incómoda de todas, atrapada entre la lealtad a sus socios europeos y la realidad de una administración Trump que no pide permiso. Pocos analistas esperaban que la Casa Blanca ejecutara una acción tan directa sin consultar previamente a sus aliados de la OTAN, lo que deja al gobierno español en una situación de debilidad extrema. La prioridad ya no es política, sino puramente humanitaria y consular, intentando proteger los intereses de una comunidad española que mira con angustia las noticias que llegan desde Caracas.
El eje del Pacífico se rompe: de la euforia de Milei al rechazo de Petro
La polarización ideológica que vive Latinoamérica ha encontrado en este evento su punto de máxima tensión, dividiendo el mapa en dos bloques irreconciliables casi al instante. Mientras en Buenos Aires el gobierno de Javier Milei celebra lo que califica como «liberación histórica», asegurando que se ha extirpado el cáncer del socialismo del continente, otros líderes ven un precedente peligrosísimo. Para el mandatario argentino, la operación valida su alineamiento total con Estados Unidos, y sus redes sociales se han convertido en un festín de mensajes triunfalistas que no dejan lugar a la mesura diplomática.
En la orilla opuesta, Gustavo Petro desde Colombia ha reaccionado con una condena rotunda, calificando la operación como una invasión que vulnera todos los tratados internacionales vigentes. Es comprensible que el temor a una oleada masiva de refugiados marque la agenda de Bogotá, mucho más que las consideraciones sobre la democracia o los derechos humanos en el país vecino. Colombia sabe que cualquier inestabilidad prolongada en Venezuela terminará repercutiendo en su propia seguridad interna, y el silencio de los fusiles en Caracas no garantiza, ni mucho menos, la paz en la frontera común.
El gigante brasileño y el miedo al vacío de poder
Brasil ha optado por un perfil mucho más bajo, propio de su tradicional diplomacia de Itamaraty, evitando los adjetivos gruesos pero mostrando una preocupación extrema por el desenlace. Lula da Silva ha convocado a su gabinete de crisis, consciente de que un estado fallido en su frontera norte es el peor escenario posible para la estabilidad de la Amazonía y la seguridad regional. No se trata de defender a Maduro, a quien Brasilia ya veía como un lastre, sino de evitar que el control del territorio caiga en manos de grupos paramilitares sin una cadena de mando clara.
Fuentes cercanas al gobierno brasileño sugieren que se están manteniendo conversaciones urgentes con el Comando Sur de Estados Unidos para garantizar que existe un plan de transición viable. Lo que más inquieta a los estrategas brasileños es que no parece haber una hoja de ruta política clara para el día después de la captura, lo que podría derivar en una «libinización» del conflicto. Brasil exige garantías de que no se repetirá el caos de intervenciones pasadas, donde derribar al dictador fue solo el prólogo de una guerra civil mucho más sangrienta y duradera.
España ofrece mediación en tierra de nadie
Desde el Palacio de la Moncloa, la reacción ha sido de una cautela casi dolorosa, intentando mantener un equilibrio imposible entre todas las partes en conflicto. El Ministerio de Asuntos Exteriores ha emitido un comunicado urgente ofreciéndose a mediar, insistiendo en que la salida debe ser democrática y pacífica, aunque la realidad sobre el terreno parece haber atropellado cualquier intento de diálogo tradicional. España se juega mucho más que prestigio; hay miles de millones en inversiones y cientos de miles de compatriotas cuyos medios de vida penden ahora de un hilo muy fino.
La propuesta española de crear un «grupo de contacto de emergencia» busca sentar en la misma mesa a representantes de la oposición venezolana y a los mandos militares que no han sido detenidos. Sin embargo, muchos diplomáticos europeos admiten en privado que la influencia de Madrid se ha diluido frente a la política de hechos consumados impuesta por Donald Trump desde Washington. La sensación de irrelevancia es palpable, y el temor es que Europa llegue, como casi siempre en los últimos años, tarde y mal a la configuración del nuevo orden en Venezuela.
La batalla política interna en Madrid se recrudece
Como era de esperar, la crisis venezolana ha servido de gasolina para el incendio político perpetuo que vive la política nacional española. La oposición ha salido en tromba a exigir que el gobierno reconozca inmediatamente la nueva situación y deje de «poner paños calientes» a lo que consideran el fin justificado de una tiranía. Argumentan que la tibieza en la respuesta oficial avergüenza a España frente a sus aliados democráticos y demuestra una complicidad ideológica con el régimen caído que ya no se puede sostener ni un minuto más.
Por su parte, los socios minoritarios del gobierno y la izquierda más radical han convocado movilizaciones frente a la embajada estadounidense, denunciando lo que consideran un golpe de estado imperialista clásico. Esta fractura interna debilita la posición de España en el exterior, ya que es imposible proyectar una imagen de fortaleza cuando el propio consejo de ministros o el parlamento están divididos sobre si calificar lo ocurrido como liberación o invasión. El presidente se enfrenta a una presión asfixiante para que defina su postura sin ambigüedades, algo que en diplomacia suele pagarse caro.
El dilema energético y el futuro inmediato
Más allá de la retórica política, los mercados están reaccionando con un nerviosismo que se siente en las bolsas de Madrid y Nueva York. Las grandes energéticas españolas con intereses en la faja del Orinoco han activado sus protocolos de seguridad máxima, sabiendo que sus instalaciones son ahora objetivos estratégicos tanto para los leales al chavismo como para las nuevas autoridades. La seguridad jurídica ha desaparecido por completo, y nadie sabe a quién hay que llamar hoy para garantizar que el petróleo siga fluyendo o, al menos, que los empleados estén a salvo.
La comunidad internacional mira el reloj, sabiendo que las próximas 48 horas determinarán si Venezuela transita hacia una democracia tutelada o se hunde en la anarquía. España y Latinoamérica contienen la respiración, conscientes de que las decisiones que se tomen hoy marcarán las relaciones transatlánticas durante la próxima década, para bien o para mal. No hay margen para el error, y lamentablemente, la historia de la región nos enseña que los errores de cálculo en estos momentos críticos suelen pagarse con décadas de inestabilidad y sufrimiento.
Pedro Sánchez llama a la desescalada
«El Gobierno de España está haciendo un seguimiento exhaustivo de los acontecimientos en Venezuela. Nuestra embajada y consulados están operativos», ha escrito el presidente de Gobierno en un comunicado compartido por el ministerio de Exteriores y a través de sus redes sociles, «Hacemos un llamamiento a la desescalada y a la responsabilidad. Hay que respetar el Derecho Internacional y los principios de la Carta de Naciones Unidas» sentencia Pedro Sánchez.
Por su lado, el líder del PP ha señalado la larga dictadura que afronta venezuela, y ha sumado su Por su lado, el líder del PP ha señalado la larga dictadura que afronta Venezuela, y ha pedido que se apoye una transición democrática. «Llevamos muchos años denunciando el régimen de Maduro y a sus aliados, también desde la órbita del Gobierno de España. Hoy es un mal día para todos ellos», ha sentenciado.
El mayor crítico de Maduro a la izquierda preocupado por la intervención Norteamérica
El presidente de Chile, Gabriel Boric, expresa la preocupación y condena oficial del Gobierno chileno ante las acciones militares estadounidenses en Venezuela, que culminaron en la captura y extracción del presidente Nicolás Maduro y su esposa, según anunció Donald Trump.
Boric ha sido uno de los grandes críticos de Maduro desde la izquierda, reconociendo a Edmundo González Urrutia como ganador de las últimas elecciones en Venezuela y señalando al régimen como una dictadura. Sin embargo, también ha marcado diferencias con las políticas de Trump en Latinoamérica.
