Trump captura a Maduro: Operación ‘Causa Justa 2.0’, así cayó el hombre más buscado

EEUU da un golpe en la mesa con la salida de Nicolás Maduro de Venezuela. Comienza la transición

Donald Trump ha confirmado esta madrugada lo que parecía un rumor imposible: la captura de Nicolás Maduro en una operación relámpago que cambia para siempre el tablero geopolítico de América Latina. No se trata solo de un arresto, sino de un movimiento quirúrgico que deja sin margen de maniobra al chavismo y abre una incógnita monumental sobre la transición inmediata en Caracas. Lo que pocos saben es que el éxito no dependió de un despliegue masivo, sino de un fallo de seguridad interno que Washington supo explotar en el momento exacto.

La noticia ha caído como una bomba de racimo en las redacciones de todo el mundo, rompiendo la calma habitual de un 3 de enero que prometía ser anodino. Mientras las agencias internacionales intentan verificar cada detalle, fuentes cercanas al Pentágono sugieren que la operación llevaba meses gestándose en el más absoluto secreto, evitando las filtraciones que frustraron intentos anteriores. No estamos ante un simple cambio de guardia, sino frente al colapso estructural de un sistema que parecía inamovible y que hoy amanece descabezado.

La incredulidad inicial ha dado paso rápidamente a un análisis febril sobre las consecuencias inmediatas para la población venezolana y la estabilidad del continente. Resulta evidente que el vacío de poder genera un riesgo altísimo de inestabilidad, especialmente si consideramos los diversos actores armados que operan en el país. La historia nos ha enseñado que estos momentos de ruptura suelen venir acompañados de un peligroso silencio antes de la tormenta, y Caracas, por desgracia, conoce bien ese guion.

Publicidad

Operación ‘Causa Justa 2.0’: Así cayó el hombre más buscado

Los detalles que llegan desde Florida describen una extracción limpia, ejecutada por fuerzas especiales que no encontraron la resistencia esperada en el círculo íntimo del mandatario. Al parecer, la inteligencia estadounidense logró penetrar el último anillo de seguridad gracias a que algunos leales decidieron cambiar de bando a última hora, facilitando las coordenadas exactas y los códigos de acceso. Es la clásica historia de traiciones palaciegas, donde la lealtad se erosiona no por ideología, sino por la pura supervivencia ante lo inevitable.

Lo que sorprende a los analistas militares es la ausencia de un enfrentamiento armado a gran escala en las zonas aledañas al lugar de la detención. Todo apunta a que la rapidez de la maniobra neutralizó cualquier capacidad de respuesta, dejando a los colectivos y a la guardia pretoriana sin tiempo para reaccionar o recibir órdenes. Esta parálisis operativa confirma la teoría de que el gigante tenía pies de barro y que la estructura de mando estaba mucho más fragmentada de lo que la propaganda oficial quería admitir.

El golpe en la mesa de la Casa Blanca que nadie vio venir

Donald Trump, fiel a su estilo de convertir la política exterior en un espectáculo mediático, ha capitalizado este evento como el mayor triunfo de su mandato en el hemisferio occidental. Desde el Despacho Oval, el mensaje ha sido claro y contundente, asegurando que la presión máxima ha dado finalmente sus frutos tras años de una estrategia que muchos calificaban de errática o ineficaz. Para el electorado republicano y la diáspora en Miami, esto valida una narrativa de fuerza que será difícil de contrarrestar por sus adversarios políticos.

Sin embargo, detrás de los titulares triunfalistas y las ruedas de prensa, existe una preocupación real en el Departamento de Estado sobre la gestión del «día después». Los diplomáticos de carrera saben perfectamente que derribar un gobierno es la parte sencilla de la ecuación, mientras que reconstruir un estado fallido requiere una paciencia y unos recursos que Washington no siempre está dispuesto a ofrecer. La administración se enfrenta ahora al reto de evitar que Venezuela se convierta en una Libia caribeña.

Silencio en Miraflores y caos en los cuarteles

La reacción dentro de Venezuela es una mezcla tensa de júbilo contenido en ciertos sectores y un pánico absoluto en las filas del oficialismo. Los reportes indican que los teléfonos de los altos mandos militares no han dejado de sonar, aunque la confusión reina en los cuarteles y bases estratégicas ante la falta de una cadena de mando clara. Nadie quiere dar el primer paso en falso, y esa inacción es precisamente lo que está permitiendo que la noticia se asiente sin un derramamiento de sangre inmediato.

La figura de Vladimir Padrino López y otros generales clave se vuelve ahora esencial para entender hacia dónde basculará el poder en las próximas 48 horas. Es muy probable que estemos asistiendo a negociaciones frenéticas bajo la mesa, donde se buscan garantías de inmunidad y salidas seguras para aquellos que hasta ayer ostentaban el poder absoluto. El chavismo sin Chávez sobrevivió, pero el chavismo sin Maduro y con la cúpula comprometida se enfrenta a su prueba existencial definitiva.

Publicidad

De Bruselas a Madrid: la diplomacia contiene la respiración

Para el gobierno español y la Unión Europea, la noticia supone un terremoto diplomático que obliga a reescribir todos los manuales de actuación previstos para la región. Las cancillerías europeas han optado por una prudencia extrema, conscientes de que cualquier declaración precipitada podría poner en riesgo a sus ciudadanos o inflamar aún más los ánimos en las calles de Caracas. España, por sus lazos históricos y la gran comunidad de residentes, se encuentra en una posición especialmente delicada que requiere hilar muy fino.

No podemos olvidar los intereses económicos y energéticos que todavía persisten en la zona, y que ahora quedan en un limbo jurídico absoluto hasta que se aclare quién manda realmente. Bruselas teme que una transición desordenada derive en una nueva ola migratoria, por lo que la prioridad será estabilizar la situación humanitaria antes de entrar en el debate sobre el reconocimiento de nuevas autoridades. La diplomacia del viejo continente, a menudo lenta, se ve forzada a reaccionar a la velocidad de los hechos consumados por Estados Unidos.

¿Y ahora qué? El vacío de poder y la amenaza de violencia

La gran incógnita que nos quita el sueño a los que llevamos décadas cubriendo Latinoamérica es cómo se llenará el enorme vacío que deja la caída del régimen. Existe un riesgo real de fragmentación territorial si los grupos armados irregulares deciden atrincherarse, dado que el control del estado sobre ciertas regiones era ya ficticio mucho antes de esta operación. La transición hacia una democracia funcional no será automática ni pacífica si no se logra un consenso mínimo entre las fuerzas opositoras y el estamento militar.

El escenario más optimista contempla un gobierno de transición tutelado internacionalmente que conduzca a elecciones libres en un plazo razonable, pero el optimismo es un bien escaso en la política venezolana. Lo más probable es que nos enfrentemos a meses de tensión extrema donde la lucha por el control de los recursos será encarnizada entre las distintas facciones que emerjan de los escombros del madurismo. El mundo mira a Venezuela con esperanza, sí, pero también con el miedo legítimo de que el remedio sea tan traumático como la enfermedad.

Publicidad
Publicidad