Marta León, experta en microbiota: «Esta infusión secreta pone orden a nivel de microbiota»

Marta León, una experta en microbiota, nos habla sobre ese desajuste silencioso que tiene a veces el intestino y que se muestra con hinchazón o pesadez, y además comparte un gesto que nos puede ayudar a mejorarlo.

La microbiota se ha convertido en una de esas palabras que ya no suenan solo a consulta médica, sino también a conversación cotidiana, a bienestar y a calidad de vida. Cada vez entendemos mejor que lo que ocurre en el intestino no se queda ahí, que influye en cómo nos sentimos, en nuestra energía diaria y hasta en la forma en la que respondemos al estrés. Por eso no sorprende que expertas como Marta León pongan el foco en algo que durante años pasó desapercibido y que hoy sabemos que es clave.

Hablar de la microbiota es hablar de equilibrio, pero también de pequeños gestos diarios que pueden marcar una diferencia enorme. De lo que comemos, de cómo lo comemos y de si somos capaces de escuchar esas señales que el cuerpo lanza cuando algo no va bien. Hinchazón, digestiones lentas, cansancio persistente o inflamación no siempre son “lo normal”, aunque nos hayamos acostumbrado a convivir con ello casi sin cuestionarlo.

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La variedad como gran aliada del intestino

“La variedad de comida es lo más recomendable”. Fuente: Freepik

Uno de los mensajes más claros de la experta en microbiota es que comer bien no consiste solo en elegir productos frescos o de temporada, pues la clave está en la variedad, en ofrecerle al intestino una amplia gama de alimentos que alimenten a las distintas bacterias que conviven en él. Cuantos más estímulos diferentes recibe la microbiota, más rica y resistente se vuelve.

En este sentido, Marta León recomienda aspirar a una dieta lo más diversa posible, incluso habla de alcanzar hasta 60 alimentos distintos en la rutina habitual. No se trata de complicarse, sino de alternar, de no comer siempre lo mismo. Introducir pescado varias veces por semana, evitar que sea siempre en conserva y recurrir a soluciones sencillas como un huevo cuando no sabemos qué cenar son gestos que, sostenidos en el tiempo, tienen un impacto directo en la microbiota y, por tanto, en la energía diaria.

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