Podemos se la juega en tres elecciones regionales que dirimirán su pulso con Sumar

Podemos afronta en los próximos meses una triple cita electoral que puede marcar de forma decisiva su futuro político y su relación con Sumar. Aragón, Castilla y León y Andalucía serán los escenarios en los que la formación morada medirá su fortaleza real tras la ruptura del espacio a la izquierda del PSOE y comprobará si el optimismo que hoy se respira en sus filas tiene un respaldo sólido en las urnas o se queda en una percepción alimentada por encuestas y resultados puntuales.

En Podemos no ocultan que el reciente éxito de Unidas por Extremadura ha supuesto un revulsivo anímico. La coalición logró el pasado domingo siete escaños y superó el 10% de los votos, un resultado que muchos dirigentes interpretan como la prueba de que una izquierda alternativa a Sumar sigue teniendo recorrido si logra articular un discurso propio y reconocible.

A ello se suman las encuestas estatales, que sitúan a Podemos cerca —aunque todavía por detrás— de la gran coalición de partidos integrada en torno a Sumar, un dato que refuerza la idea de que la batalla por la hegemonía en este espacio político está lejos de resolverse.

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Sin embargo, esa lectura optimista convive con una realidad mucho más exigente: en las tres elecciones regionales que se avecinan, Podemos concurrirá de facto en solitario y formalmente en coalición con Alianza Verde, tan falto de estructura como el Movimiento Sumar.

PRIMERA PRUEBA

Aragón será la primera prueba. Podemos ha presentado a María Goicoechea como candidata a las elecciones autonómicas del próximo 8 de febrero, después de constatar que no ha sido posible alcanzar un acuerdo para una lista unitaria con otras fuerzas de izquierda. Según fuentes del partido, la propuesta de replicar el modelo de Unidas por Extremadura —una candidatura amplia que superara viejas siglas— no fue aceptada por el resto de formaciones por la negativa de IU a que un candidato morado liderase la lista.

Yolanda Moncloa
Yolanda Díaz.

El caso de Castilla y León no es menos simbólico. Allí, Podemos ha decidido concurrir en solitario a las elecciones autonómicas del próximo 15 de marzo y quedarse fuera de la coalición que integrarán Izquierda Unida, el fantasmal Sumar y Verdes Equo. El coordinador autonómico, Miguel Ángel Llamas, asume que el reto es mayúsculo en una comunidad extensa, envejecida y tradicionalmente adversa para la izquierda transformadora. Un mal resultado podría alimentar el relato de la irrelevancia, mientras que resistir o entrar en las Cortes autonómicas tendría un valor político muy superior al peso numérico de los escaños obtenidos.

Andalucía, por último, es el territorio donde Podemos cree tener más opciones de mantener representación, pero también donde el temor es más palpable. Sus rivales yolandistas concurren bajo la marca Por Andalucía, reforzada ahora por el liderazgo de Antonio Maíllo, coordinador general de IU y candidato regional inesperado pero con amplio reconocimiento. La figura de Maíllo, su perfil institucional y su capacidad para aglutinar apoyos suponen un desafío directo para Podemos, que se ve obligada a diferenciarse sin aparecer como un factor de división estéril.

En el fondo, estas tres elecciones funcionarán como un plebiscito sobre la viabilidad de Podemos como actor autónomo. Más allá del número de escaños, lo que está en juego es la percepción de que el partido sigue siendo una herramienta útil para canalizar el descontento social y disputar la agenda política.

En la dirección morada que encabeza Ione Belarra son conscientes de que la política también se juega en el terreno simbólico: sobrevivir, resistir o incluso crecer modestamente puede tener más impacto estratégico que un resultado brillante pero aislado de alianzas futuras.

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