El café forma parte de la rutina diaria de millones de personas y, para muchos, es casi un gesto automático nada más abrir los ojos. Su aroma, su sabor y ese pequeño empujón de energía lo convierten en un aliado fiel de las mañanas, pero también en un protagonista que a veces se pasa de intenso, porque no siempre responde igual en todos los cuerpos y hay días en los que el café deja de ser placer para convertirse en nervios, palpitaciones y un corazón que parece ir por libre.
El café no es el villano de la historia, pero tampoco es inocente, pues consumido con moderación suele mejorar la concentración y la sensación de alerta, sin embargo, cuando se acumulan tazas o existe una mayor sensibilidad a la cafeína, el cuerpo puede enviar señales claras de que algo no va bien. Entender qué ocurre y cómo reaccionar puede marcar la diferencia entre un susto pasajero y una experiencia realmente incómoda.
1Por qué el café puede acelerar el corazón
El café contiene cafeína, una sustancia estimulante que actúa directamente sobre el sistema nervioso central. Su principal efecto es bloquear la adenosina, el neurotransmisor encargado de avisarnos de que estamos cansados, es decir, que no elimina el cansancio, simplemente hace que no lo notemos, y ahí empieza el juego interno que puede terminar con el corazón latiendo más rápido de lo normal.
Al bloquear la adenosina favorece la liberación de dopamina y adrenalina. La dopamina genera bienestar y refuerza el deseo de repetir, mientras que la adrenalina prepara al cuerpo para la acción, aumentando la frecuencia cardiaca. En personas sensibles o tras varias tazas seguidas, este efecto puede traducirse en nerviosismo, palpitaciones o sensación de taquicardia, algo que resulta inquietante aunque no siempre sea peligroso.






