El café forma parte de la rutina diaria de millones de personas y, para muchos, es casi un gesto automático nada más abrir los ojos. Su aroma, su sabor y ese pequeño empujón de energía lo convierten en un aliado fiel de las mañanas, pero también en un protagonista que a veces se pasa de intenso, porque no siempre responde igual en todos los cuerpos y hay días en los que el café deja de ser placer para convertirse en nervios, palpitaciones y un corazón que parece ir por libre.
El café no es el villano de la historia, pero tampoco es inocente, pues consumido con moderación suele mejorar la concentración y la sensación de alerta, sin embargo, cuando se acumulan tazas o existe una mayor sensibilidad a la cafeína, el cuerpo puede enviar señales claras de que algo no va bien. Entender qué ocurre y cómo reaccionar puede marcar la diferencia entre un susto pasajero y una experiencia realmente incómoda.
2Qué hacer si el café ya te ha acelerado
Cuando el café ya ha hecho de las suyas y el corazón va demasiado deprisa, lo primero es no entrar en pánico, ya que la mayoría de los casos se trata de una reacción leve y pasajera. Una de las recomendaciones más sencillas es beber un vaso de agua fría, ya que puede estimular el nervio vago y ayudar a que la frecuencia cardiaca vuelva poco a poco a la normalidad.
También conviene activar el sistema nervioso parasimpático, el encargado de la calma. Respirar lento y profundo, estirar suavemente el cuerpo o dar una caminata corta puede ayudar a descargar la tensión acumulada. Incluso gestos como lavarse la cara con agua fría pueden colaborar a que el cuerpo recupere el equilibrio tras ese exceso.






