En Galicia abundan los lugares donde la historia se percibe más que se explica, donde basta con caminar despacio para notar que el pasado sigue muy presente. Entre ríos, piedra antigua y leyendas que se transmiten casi en voz baja, hay pueblos que guardan enigmas singulares, de esos que despiertan la curiosidad sin necesidad de grandes titulares.
Uno de ellos es Pontedeume, una villa medieval situada en las Rías Altas, en la desembocadura del río Eume. Fundado a finales del siglo XIII por Alfonso X el Sabio, este pueblo no solo destaca por su casco histórico bien conservado o por ser la puerta de entrada a las Fragas do Eume, sino también por un detalle que se repite una y otra vez en su historia, y es el número siete, presente en construcciones, relatos y símbolos que siguen intrigando a vecinos y visitantes.
1La huella del siete en el corazón de Pontedeume en Galicia
Para entender Pontedeume hay que hablar de la familia Andrade, una de las más influyentes de la Galicia medieval. En especial de Fernán Pérez de Andrade, conocido como O Boo, cuya figura está ligada a buena parte del patrimonio histórico del pueblo. A él se le atribuye la construcción de siete iglesias, siete monasterios, siete hospitales y siete puentes, una coincidencia numérica que ha alimentado el misterio durante siglos.
El recorrido por el casco antiguo suele comenzar en el Torreón de los Andrade, último vestigio del antiguo palacio fortificado y actual Oficina de Turismo. Desde allí, el trazado de las calles permite comprobar cómo la historia de Pontedeume se organiza en torno a sus piedras, con restos de la antigua muralla, que llegó a tener nueve torres y cinco puertas, todavía visibles en algunos puntos cercanos a la iglesia de Santiago.






