En Galicia abundan los lugares donde la historia se percibe más que se explica, donde basta con caminar despacio para notar que el pasado sigue muy presente. Entre ríos, piedra antigua y leyendas que se transmiten casi en voz baja, hay pueblos que guardan enigmas singulares, de esos que despiertan la curiosidad sin necesidad de grandes titulares.
Uno de ellos es Pontedeume, una villa medieval situada en las Rías Altas, en la desembocadura del río Eume. Fundado a finales del siglo XIII por Alfonso X el Sabio, este pueblo no solo destaca por su casco histórico bien conservado o por ser la puerta de entrada a las Fragas do Eume, sino también por un detalle que se repite una y otra vez en su historia, y es el número siete, presente en construcciones, relatos y símbolos que siguen intrigando a vecinos y visitantes.
3El puente, las Fragas do Eume y un misterio que sigue vivo en Galicia
El puente de piedra que da nombre a Pontedeume es uno de sus grandes símbolos. La estructura actual, con quince arcos, sustituye a una obra gótica monumental de 68 arcos y más de 850 metros de longitud mandada construir por Fernán Pérez de Andrade. De aquel puente colosal permanecen el Oso y el Jabalí, figuras que hoy se conservan en el convento y que forman parte del imaginario local.
A pocos minutos del casco urbano, Galicia despliega su lado más salvaje en el Parque Natural de las Fragas do Eume, uno de los bosques atlánticos mejor conservados de Europa. Senderos que serpentean entre ríos y vegetación conducen hasta lugares como el Monasterio de Caaveiro, fundado en el siglo IX. Allí, en medio del silencio y el verde, el visitante entiende que en Pontedeume el misterio no es un reclamo turístico, sino una parte viva de su historia.






