La absurda ley que convirtió a la muerte en delito: el caso de Sarpourenx

En 2008, el alcalde de Sarpourenx decretó que morir era ilegal para quienes no tuvieran parcela en el cementerio. La medida fue una protesta contra las trabas burocráticas que impedían ampliar el camposanto saturado. Aunque suene absurda, esta ordenanza puso al pueblo en el mapa mundial de las leyes más extrañas.

Sarpourenx, una diminuta comuna francesa en los Pirineos Atlánticos con apenas 300 habitantes, protagonizó en 2008 uno de los episodios legislativos más surrealistas de la historia moderna. Su alcalde, Gérard Lalanne, promulgó un decreto municipal que prohibía expresamente fallecer dentro de la jurisdicción del pueblo a toda persona que no poseyera una parcela en el cementerio local.

La ordenanza iba acompañada de una advertencia tan seria como inverosímil: los infractores serían «severamente castigados», según el propio mandatario, quien defendió que para muchos podría resultar cómico, pero que para él se trataba de un asunto de máxima gravedad.

El cementerio saturado que lo cambió todo

YouTube video

El origen de esta medida insólita residía en un conflicto administrativo de proporciones épicas para una localidad tan pequeña. Días antes de la promulgación del decreto, un tribunal administrativo francés había bloqueado los planes del ayuntamiento para adquirir terrenos privados adyacentes al cementerio municipal.

Publicidad

La justicia consideró que la ampliación del camposanto no estaba debidamente justificada, dejando a Lalanne sin espacio físico para seguir enterrando a los difuntos de la localidad. Con el cementerio al borde de la saturación total y sin alternativas legales inmediatas, el alcalde decidió recurrir a una forma de protesta tan provocadora como mediática: convertir la muerte en un acto administrativamente prohibido.

Una protesta con precedentes franceses

Sarpourenx no fue pionera en este tipo de reivindicaciones absurdas dentro de Francia. En el año 2000, la ciudad costera de Le Lavandou ya había declarado ilegal fallecer en su territorio por motivos idénticos: la falta de espacio en su cementerio local. Del mismo modo que ocurriría años después en Sarpourenx, aquella prohibición tenía un carácter puramente simbólico y buscaba forzar a las autoridades superiores a desbloquear la situación.

Estos decretos funcionan como llamadas de atención extremas, diseñadas para generar titulares internacionales y presionar a los responsables administrativos que niegan recursos o permisos. Otros lugares del mundo han seguido estrategias similares:

  • Lanjarón (España, 1999): el alcalde José Rubio prohibió morir hasta encontrar terrenos para ampliar el camposanto, generando quejas del sacerdote, floristas y funerarias, aunque sus rivales políticos se lo tomaron con humor.
  • Longyearbyen (Noruega): prohíbe fallecer por razones climáticas, ya que los cuerpos no se descomponen en el permafrost del Ártico.
  • Itsukushima (Japón): veta la muerte por motivos religiosos en la isla sagrada.

El texto literal de la ordenanza

YouTube video

El decreto de Lalanne establecía de forma explícita que «todas las personas que no tengan una parcela en el cementerio y deseen ser enterradas en Sarpourenx tienen prohibido morir en la parroquia». Esta redacción, aparentemente sacada de una novela de Kafka, no solo captó la atención de medios locales, sino que se viralizó globalmente gracias a su naturaleza paradójica. La agencia de noticias francesa AFP investigó el caso y confirmó que la medida era real, aunque carente de fuerza coercitiva auténtica. El alcalde no podía literalmente castigar a nadie por fallecer, pero el decreto sirvió como herramienta de presión mediática extremadamente efectiva.

Legado y repercusión internacional

Aunque la ordenanza jamás se aplicó en términos prácticos, Sarpourenx entró en la lista mundial de lugares con leyes absurdas, siendo citado en rankings internacionales junto a prohibiciones como la de masticar chicle en Singapur o la de nombrar cerdos «Napoleón» en Francia. La comuna de apenas trescientos habitantes logró visibilidad global y su caso se estudia como ejemplo de protesta administrativa creativa.

Lalanne consiguió, finalmente, que su pueblo no cayera en el olvido burocrático y que las autoridades regionales prestaran atención a la necesidad urgente de ampliar el cementerio. Hoy, Sarpourenx sigue siendo sinónimo de las consecuencias inesperadas que puede tener la rigidez administrativa cuando choca con las necesidades reales de una comunidad pequeña.

Publicidad
Publicidad
Publicidad