Las frutas suelen asociarse a lo fresco, a lo recién comprado en el mercado y a ese gesto que se hace casi de forma automática de escoger la pieza más brillante. Sin embargo, cada vez más expertos ponen el foco en los congelados, otra sección del supermercado que durante años ha pasado desapercibida. Lejos de ser un recurso de emergencia, las frutas congeladas empiezan a ganar protagonismo por razones que van mucho más allá de la comodidad.
En España estamos acostumbrados a congelar alimentos para no desperdiciar nada, aunque no siempre pensamos que esa misma lógica puede jugar a favor de nuestra salud. Según nutricionistas, elegir frutas y verduras congeladas no es una mala decisión, sino todo lo contrario. Detrás de esas bolsas hay un proceso pensado para conservar nutrientes, sabor y calidad, algo que desmonta muchos de los prejuicios que todavía existen.
1Las frutas congeladas se recolectan en su mejor momento
Una de las grandes ventajas de los congelados es que suelen recogerse en su punto óptimo de maduración. Esto significa que han tenido tiempo de desarrollar todo su potencial nutricional antes de pasar por el proceso de congelación. A diferencia de algunas frutas frescas que se cosechan antes de tiempo para soportar el transporte, las congeladas llegan a la bolsa cuando están listas.
Este detalle es clave, porque al congelarse justo después de la recolección, mantienen sus vitaminas, antioxidantes y minerales prácticamente intactos. Organismos como la Academia de Nutrición y Dietética respaldan esta idea y señalan que el frío actúa como un freno natural a la pérdida de nutrientes, algo que no siempre ocurre con las frutas que pasan días en cámaras o estanterías.






