Las frutas suelen asociarse a lo fresco, a lo recién comprado en el mercado y a ese gesto que se hace casi de forma automática de escoger la pieza más brillante. Sin embargo, cada vez más expertos ponen el foco en los congelados, otra sección del supermercado que durante años ha pasado desapercibida. Lejos de ser un recurso de emergencia, las frutas congeladas empiezan a ganar protagonismo por razones que van mucho más allá de la comodidad.
En España estamos acostumbrados a congelar alimentos para no desperdiciar nada, aunque no siempre pensamos que esa misma lógica puede jugar a favor de nuestra salud. Según nutricionistas, elegir frutas y verduras congeladas no es una mala decisión, sino todo lo contrario. Detrás de esas bolsas hay un proceso pensado para conservar nutrientes, sabor y calidad, algo que desmonta muchos de los prejuicios que todavía existen.
3Más tiempo, menos desperdicio y muchas posibilidades en la cocina
Otro punto a favor de las frutas congeladas es la ausencia de aditivos en la mayoría de los casos. La congelación, por sí sola, es un método de conservación, aunque siempre conviene revisar la etiqueta para asegurarse de que no se ha añadido azúcar u otros ingredientes innecesarios. En líneas generales, se trata de fruta tal cual, solo que conservada a baja temperatura.
Además, cocinar con frutas congeladas ahorra tiempo y reduce el desperdicio, ya que no hay que lavar, pelar ni cortar, y se usan solo las cantidades necesarias. A eso se suma su versatilidad en la cocina, ya que pueden incorporarse a batidos, salteados, postres o incluso a un bol de avena o unas tostadas integrales. Las frutas congeladas no solo facilitan la rutina diaria, también amplían las opciones para comer mejor sin complicaciones.






