Entrar en un Mercadona a las siete de la tarde es firmar un contrato tácito para pagar el precio máximo por cada producto que metes en el carro. Es el momento de mayor afluencia, el caos absoluto de carros chocando en los pasillos, y curiosamente, es cuando la mayoría decide ir tras salir de la oficina agotados y sin ganas de pensar. La empresa de Juan Roig lo sabe, sus algoritmos de venta lo confirman y tu bolsillo lo sufre silenciosamente mientras haces cola en la caja viendo cómo sube la cuenta sin parar.
Sin embargo, existe una franja horaria casi clandestina donde las reglas del juego cambian radicalmente a favor del consumidor astuto que no tiene prisa por cenar. Si eres capaz de esperar y modificar tus costumbres, verás cómo aparecen las codiciadas etiquetas amarillas sobre bandejas de carne, pescado o platos preparados que deben salir sí o sí. No es magia ni un error del sistema, es simple gestión de stock perecedero que necesita ser liquidado antes del cierre para no acabar en el contenedor de basura orgánica.
Mercadona: ¿Por qué la cadena baja los precios cuando cae el sol?
No se trata de caridad corporativa ni de un regalo a los clientes fieles, sino de una operativa logística implacable diseñada para reducir al mínimo el desperdicio alimentario diario en cada tienda. Los gerentes de cada establecimiento tienen la orden estricta de que el género fresco no se tire bajo ningún concepto si todavía es apto para el consumo y mantiene la calidad. Por eso, cuando se acerca la hora de echar el cierre, empieza el verdadero baile de precios que los clientes habituales de la mañana jamás llegan a presenciar.
La mayoría de compradores ya está cenando o descansando en casa a esas horas, dejando los pasillos despejados para los verdaderos estrategas del ahorro doméstico que saben moverse. Es en ese silencio casi sepulcral donde se encuentran chollos al 50% que harían palidecer a cualquier oferta de folleto tradicional, permitiéndote comprar solomillos o pescados nobles a precio de saldo. Pero para aprovechar esta ventaja competitiva, tienes que vencer la pereza de salir tarde de casa cuando el cuerpo te pide sofá.
La hora mágica: olvida ir al salir del trabajo si quieres ahorrar
Si buscas una cifra exacta para programar tu visita, la experiencia de años y los propios empleados confirman que el «punto dulce» suele arrancar pasadas las ocho o las ocho y media de la tarde. En ese momento, los reponedores comienzan a revisar con lupa las fechas de caducidad inminentes, y es entonces cuando pegan la pegatina amarilla de «Bajada de precio» sobre los productos que caducan al día siguiente. Es una carrera contra el reloj antes de que bajen la persiana metálica, y estar allí presente es la única forma de ganarla.
Hay una excepción vital a esta regla horaria que todo experto en Mercadona debe conocer: los sábados por la tarde, el proceso de liquidación se acelera considerablemente. Como el domingo cierran por descanso semanal, la necesidad de limpiar existencias provoca que los descuentos empiecen mucho antes, a veces incluso a media tarde, para vaciar las neveras de carne y pescado por completo. El sábado es, sin duda, el día grande del cazador de ofertas, pero requiere estar atento y ser más rápido que el resto.
Los productos de Mercadona donde realmente vas a notar la diferencia
No esperes encontrar latas de atún en aceite o paquetes de arroz rebajados, porque el objetivo de la cadena es dar salida urgente a lo que caduca en cuestión de horas. La sección de «Listo para comer» es una auténtica mina de oro, donde puedes llevarte la cena hecha por la mitad de lo que costaba a las dos de la tarde, justo cuando más hambre tenías. Las tortillas, las ensaladas y los platos de pasta fresca son los primeros en recibir la etiqueta amarilla para evitar que se estropeen.
Otro punto caliente que solemos ignorar sistemáticamente es la zona de panadería y la pastelería a granel, que no pueden guardarse de ninguna manera para la venta del día siguiente. Es habitual ver cómo bolsas de pan y dulces se agrupan con precios irrisorios minutos antes de que suene la megafonía de cierre, ideales para congelar y tener reservas. Si no te importa gestionar el espacio en tu congelador al llegar a casa, el ahorro mensual en desayunos y meriendas es sencillamente brutal.
El coste oculto de la comodidad y cómo evitarlo
Al final, el supermercado juega con nuestra necesidad de inmediatez y nuestra falta de tiempo libre tras la jornada laboral, cobrándonos un plus por esa disponibilidad total de producto fresco a cualquier hora. Pagamos un sobrecoste por la comodidad de ir cuando nos viene bien, pero esa conveniencia se cobra cara en el ticket final mes tras mes, sumando cientos de euros al año. Cambiar el chip requiere un esfuerzo de planificación, pero la recompensa económica es inmediata y tangible en cada visita nocturna.
La próxima vez que veas el parking del Mercadona lleno a las seis de la tarde, sigue de largo y espera a que la marea de gente baje un poco más tarde, cuando el sol ya se haya puesto. Puede que tengas que cenar un poco más tarde ese día, pero tu cuenta bancaria te agradecerá que hayas aprendido a jugar con las mismas cartas que el gigante de la distribución valenciana.








