«Lo llaman el milagro adelgazante, pero a mí casi me cuesta el riñón»: El calvario de Laura (42) tras usar las inyecciones de moda

Laura, una madrileña de 42 años, decidió probar las inyecciones adelgazantes que prometen resultados rápidos sin esfuerzo. Lo que comenzó como una solución estética terminó en urgencias con complicaciones renales severas que pudieron costarle la vida. Su caso expone los riesgos ocultos de fármacos como Ozempic y Wegovy cuando se emplean sin control profesional: desde deshidratación extrema hasta daño permanente en órganos vitales.

El uso de inyecciones adelgazantes se ha convertido en una tendencia masiva entre quienes buscan perder peso de forma acelerada, pero las consecuencias pueden ser devastadoras especialmente para un riñón. Laura confiesa que nunca imaginó que su decisión le provocaría un calvario médico que aún hoy, meses después, continúa afectando su calidad de vida. Los fármacos tipo Ozempic, diseñados originalmente para controlar la diabetes tipo 2, están siendo utilizados de manera indiscriminada por personas sanas que ignoran los efectos adversos graves asociados a su uso sin prescripción.

La historia de Laura es el reflejo de miles de casos silenciados donde la búsqueda de un cuerpo ideal colisiona con una realidad médica alarmante. Estos medicamentos actúan retardando el vaciado gástrico y generando sensación de saciedad, pero también pueden desencadenar complicaciones renales, pancreatitis y deshidratación severa. Sin embargo, la mayoría de los usuarios desconoce que su organismo necesita una supervisión exhaustiva para evitar daños irreversibles en órganos fundamentales como los riñones.

El inicio: promesas de pérdida rápida sin sacrificio

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Laura descubrió las inyecciones adelgazantes a través de redes sociales, donde influencers mostraban transformaciones corporales impactantes en pocas semanas. Las publicaciones hablaban de un método revolucionario que eliminaba el hambre y aceleraba la quema de grasa sin necesidad de dietas estrictas ni ejercicio intenso. La promesa resultaba demasiado atractiva para una mujer que llevaba años luchando contra el sobrepeso sin resultados duraderos, por ello decidió adquirir el fármaco a través de canales no oficiales.

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El acceso a estos medicamentos sin receta médica es sorprendentemente sencillo en la actualidad. Plataformas online y grupos cerrados en aplicaciones de mensajería ofrecen inyecciones tipo Ozempic y Wegovy a precios reducidos, esquivando los controles sanitarios establecidos. Laura pagó 180 euros por un tratamiento de cuatro semanas que, según el vendedor, transformaría su figura sin efectos secundarios relevantes.

Durante las primeras dos semanas, los resultados parecían confirmar las expectativas. Perdió 4 kilos rápidamente, experimentó una notable reducción del apetito y sentía que finalmente había encontrado la solución definitiva. Sin embargo, comenzó a presentar náuseas constantes, vómitos frecuentes y un cansancio extremo que atribuyó erróneamente al proceso natural de adelgazamiento.

Los primeros síntomas: señales de alarma ignoradas y tu riñón en alerta

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  • Náuseas persistentes: Laura experimentaba malestar estomacal incluso al despertar, lo que dificultaba su alimentación básica.
  • Vómitos recurrentes: Las arcadas se repetían varias veces al día, impidiéndole retener líquidos y alimentos.
  • Deshidratación severa: La combinación de vómitos y escasa ingesta de agua provocó que su piel perdiera elasticidad y sus mucosas se resecaran visiblemente.
  • Dolor lumbar intenso: Sentía punzadas agudas en la zona baja de la espalda que inicialmente confundió con molestias musculares.
  • Orina oscura y escasa: La reducción drástica en la frecuencia y cantidad de orina era un indicio claro de afectación renal.

A pesar de estos síntomas evidentes, Laura continuó aplicándose las inyecciones convencida de que se trataba de efectos temporales del tratamiento. Los grupos online donde había adquirido el medicamento minimizaban estas reacciones, asegurando que eran parte normal del proceso de adaptación. Muchos usuarios compartían experiencias similares y se animaban mutuamente a persistir para alcanzar sus objetivos de peso, creando una peligrosa normalización de señales de alarma.

El error más grave fue no consultar a un profesional sanitario al detectar los primeros síntomas. Los médicos especializados advierten que las náuseas y vómitos prolongados pueden desencadenar una deshidratación crítica que compromete la función renal de forma acelerada. En el caso de Laura, su organismo llevaba días funcionando en condiciones extremas sin que ella dimensionara la gravedad real de su situación.

El colapso: urgencias y diagnóstico de insuficiencia renal aguda

La tercera semana del tratamiento, Laura despertó con un milagro dolor abdominal insoportable, vómitos incontrolables y desorientación mental. Su pareja la encontró semiconsciente en el baño y decidió trasladarla inmediatamente a urgencias, donde los análisis revelaron un cuadro de insuficiencia renal aguda provocado por deshidratación severa y sobrecarga tóxica. Los valores de creatinina en sangre estaban cinco veces por encima del límite normal, indicando que sus riñones apenas funcionaban.

Los médicos explicaron que el uso prolongado de agonistas GLP-1 sin supervisión, combinado con vómitos constantes y escasa ingesta hídrica, había colapsado la función de filtrado renal. Este fallo orgánico puede derivar en daño permanente si no se interviene a tiempo mediante hidratación intravenosa intensiva y tratamiento de soporte. Laura permaneció hospitalizada durante ocho días, durante los cuales recibió suero continuo y medicación para estabilizar sus parámetros renales.

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El equipo médico confirmó que, de haber prolongado el tratamiento unos días más, Laura habría necesitado diálisis temporal o incluso un trasplante renal en el peor escenario. Los especialistas destacan que estos fármacos, cuando se prescriben correctamente, incluyen controles periódicos de riñón para detectar cualquier alteración antes de que se convierta en irreversible. Sin embargo, quienes los adquieren sin receta carecen de este seguimiento esencial, exponiendo su salud a riesgos mortales evitables.

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