«Denunció a su vecino por ruido y ahora tiene que pagarle 10.000 euros»: La batalla legal que amargó la jubilación de Luis (67)

Luis pensaba que denunciar a su vecino por ruido resolvería años de molestias, pero el juzgado falló en su contra tras demostrar que las mediciones acústicas eran incorrectas. Ahora debe pagar 10.000 euros en costas procesales y su relación con la comunidad quedó destrozada. Este caso evidencia los peligros de acudir a los tribunales sin pruebas técnicas sólidas.

Los conflictos vecinales por ruido pueden parecer menores hasta que escalan a un proceso judicial. Luis, de 67 años, acaba de jubilarse y esperaba disfrutar de tranquilidad en su piso, pero los supuestos ruidos excesivos del apartamento superior le llevaron a denunciar. La sentencia, sin embargo, no solo rechazó sus pretensiones: ahora debe indemnizar a quien consideraba culpable de sus noches en vela.

Este caso pone de manifiesto un problema creciente en las comunidades de propietarios españolas. Muchas denuncias se fundamentan en percepciones subjetivas o en mediciones acústicas realizadas sin rigor técnico, lo que puede volverse contra el denunciante y generar consecuencias económicas y sociales devastadoras. La clave está en conocer los límites legales antes de actuar.

La denuncia que salió mal

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Luis llevaba dos años documentando lo que consideraba ruido insoportable procedente del piso de arriba. Anotaba horarios, grababa con su móvil y recogía testimonios de otros vecinos que, según él, también sufrían las molestias. Convencido de que tenía un caso sólido, decidió presentar una demanda civil exigiendo una indemnización de 15.000 euros por daños morales y psicológicos. Sin embargo, no contrató a un técnico especializado en acústica para realizar mediciones oficiales, confiando únicamente en sus propias grabaciones caseras.

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El juez solicitó un peritaje oficial que reveló datos inesperados. Los niveles de decibelios medidos en el domicilio de Luis estaban dentro de los límites permitidos por la normativa municipal, que establece un máximo de 35-40 decibelios durante el día y 25-30 decibelios en horario nocturno. Las grabaciones aportadas por el demandante resultaron inadmisibles por no cumplir con los estándares técnicos exigidos para este tipo de pruebas. Además, varios testigos declararon que el denunciado era una persona respetuosa y silenciosa, lo que debilitó aún más la posición de Luis.

La sentencia no dejó lugar a dudas: el demandante actuó de forma precipitada y sin fundamento probatorio suficiente. El tribunal consideró que la denuncia carecía de base real, lo que llevó a desestimar todas sus pretensiones y a condenarle en costas procesales. Luis no solo perdió el juicio, sino que vio cómo su reputación en la comunidad quedaba seriamente dañada.

Errores comunes en mediciones acústicas

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Uno de los problemas más frecuentes en litigios por ruido es la falta de rigor en las pruebas. Las grabaciones caseras, por ejemplo, no son válidas ante un tribunal si no están certificadas por técnicos homologados. Muchos afectados desconocen que los dispositivos convencionales, como smartphones o grabadoras domésticas, carecen de la calibración necesaria para medir decibelios con precisión legal. A menudo, estos aparatos amplifican ciertos sonidos o registran frecuencias de forma distorsionada, lo que invalida su uso como prueba.

Además, las mediciones deben realizarse en condiciones específicas:

  • El técnico debe estar acreditado y utilizar instrumentos homologados
  • Las mediciones tienen que efectuarse en distintos momentos del día para establecer patrones
  • Es necesario registrar tanto el ruido de fondo como el nivel durante las supuestas molestias
  • Los informes deben detallar la metodología empleada y las condiciones ambientales
  • Cualquier desviación del protocolo puede anular la validez del peritaje

Otro error habitual es medir en el lugar equivocado. Algunos denunciantes toman lecturas desde sus patios, terrazas o incluso desde la calle, cuando lo correcto es hacerlo desde el interior de la vivienda afectada, con ventanas y puertas cerradas. Este tipo de fallos técnicos pueden echar por tierra un caso que, de otro modo, podría haber prosperado.

Las consecuencias económicas de perder

Perder un juicio por denuncias infundadas de vecino a vecino acarrea múltiples costes económicos. En el caso de Luis, la condena en costas alcanzó los 10.000 euros, una cantidad que incluye los honorarios del abogado y el procurador de la parte contraria, además de los gastos del peritaje oficial solicitado por el tribunal. Esta cifra puede variar según la complejidad del proceso, pero rara vez baja de los 5.000 euros en asuntos de este tipo.

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Además del pago directo, existen otros perjuicios financieros derivados. Luis tuvo que asumir sus propios gastos de representación legal, que superaron los 3.000 euros, y perdió la posibilidad de recuperar ese dinero al ser desestimada su demanda. Por otro lado, la tensión del proceso le obligó a contratar servicios de mediación psicológica, un gasto adicional que nunca imaginó al iniciar la batalla legal.

A esto se suma el impacto social dentro de la comunidad de propietarios. La relación con el resto de vecinos se deterioró hasta el punto de que Luis considera mudarse, lo que implicaría gastos de traslado y posiblemente vender su vivienda con pérdidas. El coste emocional de ver cómo su jubilación, que debía ser un periodo de disfrute, se ha convertido en una fuente de estrés constante, resulta incalculable pero muy real.

Cómo actuar correctamente ante ruidos

Antes de acudir a los tribunales, existen vías alternativas mucho menos costosas y conflictivas. El primer paso siempre debe ser el diálogo directo con el vecino implicado, ya que muchos problemas acústicos se deben a desconocimiento o falta de aislamiento en la vivienda, no a mala fe. En ocasiones, una conversación amable puede resolver malentendidos y evitar escaladas innecesarias que terminen en procesos judiciales largos y desgastantes.

Si el diálogo fracasa, el siguiente escalón es la mediación comunitaria. Muchos ayuntamientos ofrecen servicios gratuitos de mediación vecinal donde un profesional neutral ayuda a las partes a encontrar soluciones. Esta vía permite documentar el conflicto de forma oficial sin llegar a la demanda, lo que puede servir como antecedente si finalmente hay que acudir a los tribunales. Además, demuestra buena fe por parte del afectado.

Solo cuando estas opciones se agotan tiene sentido plantearse una acción legal. En ese momento, es fundamental contratar a un abogado especializado en derecho de la propiedad horizontal y encargar un informe pericial a técnicos acústicos certificados. El coste inicial de estos servicios puede parecer elevado, pero resulta infinitamente menor que las consecuencias de perder un juicio por falta de pruebas. La prevención y el asesoramiento profesional marcan la diferencia entre resolver un conflicto y hundirse en uno mucho mayor.

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