Castilla y León guarda rincones donde el tiempo parece haberse detenido sin hacer ruido, lugares en los que la historia no se muestra en vitrinas, sino que forma parte del paisaje y de la vida cotidiana. Viajar por esta comunidad es, muchas veces, caminar sobre siglos de memoria, entre montañas, valles y pueblos pequeños que conservan una identidad muy clara y profundamente ligada a la tierra.
En el extremo occidental de Castilla y León, en la comarca de El Bierzo, existe uno de esos pueblos que sorprenden por su sencillez y por todo lo que esconden. Se trata de Balboa, una localidad diminuta, con apenas medio centenar de habitantes, que convive desde hace más de dos mil años con una arquitectura ancestral y un entorno natural que invita a bajar el ritmo, respirar hondo y dejarse llevar.
2La historia que define al pueblo
Las pallozas de Balboa, restauradas en su mayoría, permiten entender cómo vivían los antiguos pobladores de esta zona de Castilla y León. Muchas de ellas se han transformado en bares y restaurantes, lo que permite entrar, sentarse y disfrutar del espacio sin perder la esencia original. Es una manera cercana y sencilla de acercarse a la historia sin necesidad de grandes explicaciones.
A pocos pasos, la iglesia de Santa María aporta otro capítulo al relato del pueblo. Construida en el siglo XVI sobre un templo románico anterior, del que aún se conserva una portada del siglo XIII, es uno de los mejores ejemplos del Renacimiento berciano. Y, dominando el valle desde lo alto de una colina, aparecen los restos del castillo, una fortaleza con origen defensivo que pasó por manos de nobles y acabó formando parte de la Corona de León.

