Los huesos sostienen mucho más que el cuerpo, sostienen también hábitos, rutinas y decisiones diarias que a menudo pasan desapercibidas. Entre ellas, una tan común como desayunar o no hacerlo ha empezado a llamar la atención de la ciencia, no desde el terreno de las modas alimentarias, sino desde el de la salud ósea a largo plazo.
Durante años se ha repetido que el desayuno es la comida más importante del día, aunque no todo el mundo se siente capaz de comer nada a primera hora. Ese debate, que parecía más cultural que médico, ha dado un giro interesante tras conocerse datos que relacionan ciertos horarios de comida con posibles daños en los huesos, especialmente cuando se mantienen en el tiempo.
1El impacto de saltarse el desayuno
Los huesos no reaccionan de un día para otro, pero sí acumulan las consecuencias de lo que hacemos o dejamos de hacer durante años. Un estudio de la Universidad Médica de Nara, en Japón, analizó los datos de salud de más de 927.000 personas adultas y encontró que quienes no desayunaban o lo hacían menos de tres veces por semana tenían un 18% más de riesgo de sufrir fracturas relacionadas con la osteoporosis.
La cifra no se queda ahí, pues cuando a no desayunar se le suma cenar tarde, el riesgo para los huesos aumenta hasta un 23%. Según los investigadores, no se trata de un único hábito aislado, sino de un conjunto de conductas que terminan debilitando la estructura ósea. Fumar, consumir alcohol con frecuencia o dormir mal también aparecen como factores que vuelven los huesos más frágiles con el paso del tiempo.






