Los huesos sostienen mucho más que el cuerpo, sostienen también hábitos, rutinas y decisiones diarias que a menudo pasan desapercibidas. Entre ellas, una tan común como desayunar o no hacerlo ha empezado a llamar la atención de la ciencia, no desde el terreno de las modas alimentarias, sino desde el de la salud ósea a largo plazo.
Durante años se ha repetido que el desayuno es la comida más importante del día, aunque no todo el mundo se siente capaz de comer nada a primera hora. Ese debate, que parecía más cultural que médico, ha dado un giro interesante tras conocerse datos que relacionan ciertos horarios de comida con posibles daños en los huesos, especialmente cuando se mantienen en el tiempo.
2Qué explica la ciencia sobre esta relación
Una de las teorías que manejan los expertos tiene que ver con los ritmos circadianos. Los huesos, como otros tejidos del cuerpo, siguen ciclos internos que regulan la absorción y el uso de nutrientes. Cuando se salta el desayuno y se cena muy cerca de la hora de dormir, el organismo no dispone del tiempo necesario para emplear correctamente esos nutrientes en la formación y mantenimiento de los huesos.
Otra explicación apunta al cortisol, la hormona del estrés, ya que saltarse el desayuno puede elevar sus niveles de forma sostenida y esto, según recogen medios especializados como Health, podría afectar negativamente a la densidad ósea. No es una relación directa ni automática, pero sí una pieza más del puzle que ayuda a entender por qué ciertos hábitos cotidianos terminan pasando factura a los huesos.






